The Phantom es uno de los primeros superhéroes del cómic. Creado como tira de prensa por el guionista Lee Falk a mediados de noviembre de 1936, El Hombre Enmascarado se adelantó dos años al Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster. Este vigilante de las junglas de Bengali —más tarde se llamó Bangalla— ha conocido muchos alias: La Sombra, Fantomas, el Espíritu que Camina, El Fantasma, Fantom... Muchos nombres para un personaje cuyas aventuras han sido reeditadas en español por numerosas editoriales. Sin embargo, no ha sido hasta la llegada de Dolmen que El Hombre Enmascarado ha sido editado como se merece.
Veinte tomos lleva publicados Dolmen Editorial de las tiras diarias y dominicales de The Phantom. El último, The Phantom 1949-1951, viene a sumarse a una colección que alterna tiras de su etapa clásica —con Lee Falk a los guiones y dibujos de Wilson McCoy, Ray Moore y Sy Barry— con historietas más modernas, como las aparecidas en la prensa desde los años setenta en adelante.
The Phantom, un héroe a la antigua usanza
El tomo de Dolmen comienza con una presentación a cargo de Pedro Paredes, un emotivo prólogo titulado Memoria Histórica en el que se reivindica el cómic como reflejo fiel de la sociedad del momento. Obviamente, El Hombre Enmascarado no iba a ser menos, y sus sencillas aunque entretenidas historias también hacen lo propio. De hecho, el personaje sirvió de inspiración para pueblos como el noruego, que durante la II Guerra Mundial tuvieron a The Phantom como símbolo de su lucha contra los nazis.
The Phantom es el prototipo de justiciero enmascarado. Con un antifaz que no deja ver sus ojos —el primero en lucir dicha característica—, el personaje de Lee Falk nace nada menos que en el siglo XVI. El hijo de un lord inglés es el único superviviente del ataque de unos piratas malayos a un barco mercante. El joven es rescatado, medio ahogado, por la tribu pigmea de los bandar. Recuperado de sus heridas, el joven Christopher Standish jura que en adelante dedicará su vida a combatir el crimen, la injusticia y la maldad en todas sus formas, instaurando una dinastía de justicieros enmascarados que durará hasta nuestros días. De generación en generación, los descendientes de Standish visten el disfraz y el anillo de calavera de The Phantom, creando así la leyenda entre los supersticiosos malhechores de que se trata del mismo hombre inmortal, el Espíritu que Camina.
Las aventuras selváticas del Hombre Enmascarado
El tomo The Phantom 1949-1951 incluye cuatro aventuras completas y la continuación de una del tomo anterior, Los Thuggees. No obstante, si comienzas tus lecturas del personaje en este tomo, no te será difícil retomar el hilo de la acción. Las historias de Lee Falk eran sencillas, pensadas para un público —los lectores de periódicos que tenían sindicadas estas daily strips— que solo deseaba entretenimiento sin complicaciones.
No obstante, las tiras de prensa de esta época —principios de los años 50— de The Phantom están repletas de referencias, personajes y escenarios que Lee Falk creó con esmero a lo largo de décadas como guionista. Falk no abandonaría la serie hasta 1999, año de su fallecimiento. En Los Thuggees vemos una buena muestra de la mitología de Falk: malhechores sin escrúpulos, genios criminales y damiselas en apuros —normalmente, su novia Diana Palmer—. En esta aventura, sin embargo, The Phantom también deberá enfrentarse a otra amenaza aún más terrible si cabe que los Thuggees: la enamoradiza princesa Tari, encaprichada del justiciero. Esta subtrama es incluso más entretenida que la de los malvados Thuggees.
En esta primera historia observamos claramente cómo el trazo de Wilson McCoy se embellece aún más en las tiras dominicales. La claridad de sus líneas y el dominio de la figura humana se hace más patente en unas viñetas en las que el artista daba lo mejor de sí.
The Phantom, el Espíritu que Camina
Las aventuras del Hombre Enmascarado considerado clásico —el de las tiras de prensa publicadas aproximadamente hasta mediados de los 70— se caracterizan por su realismo. Por ejemplo, en El Dios Mono de los Durugu, la siguiente historia del tomo, la amenaza no es otra que un par de embaucadores que se aprovechan de la credulidad y la superstición de los nativos para hacerse de oro. En los siguientes arcos argumentales —Las Estrellas de Cine, El Mono Blanco y La Banda Gris—, los adversarios de The Phantom son mundanos, alejados de todo elemento sobrenatural. A mediados de los 70, Lee Falk comenzaría a introducir elementos fantásticos y de ciencia ficción en sus guiones.
Las Estrellas de Cine es una de las mejores historias del volumen publicado por Dolmen. En ella, el héroe no es realmente el justiciero, sino una estrella de Hollywood —Cary Gary— muy alejada de los papeles que adopta en la gran pantalla. A lo largo de las tiras de Lee y McCoy vemos la evolución del actor: de tipo pusilánime y quejica a convertirse en todo un héroe. Y todo ello gracias al El Hombre Enmascarado, un justiciero capaz de inspirar los más altos valores: equidad, justicia, compasión, comprensión, empatía, lealtad, valor, modestia y humanidad. Valores que The Phantom compartía con otros personajes de la época, como Flash Gordon, cuyas tiras de prensa clásicas también las publica Dolmen Editorial.
El Mono Blanco es una parábola sobre el absurdo de las guerras, de cómo el motivo más nimio y sin sentido puede provocar una contienda sangrienta capaz de matar a miles de personajes. El robo de un preciado simio albino desata la locura en las selvas de Bengali. La mascota del hijo del jefe de la tribu llongo ha sido robada, y hasta que no aparezca nadie podrá transitar por sus tierras. La paz lograda con tanto esfuerzo por El Espíritu que Camina se ha roto debido a un pequeño animalillo.
The Phantom - El Hombre Enmascarado: Daily Strips 1949-1951 finaliza con la aventura La Banda Gris. En ella, la eterna novia del Fantasma, Diana Palmer, es secuestrada por unos malhechores que escapan de un penal. Es curiosa la manera que tenía Wilson McCoy de dibujar a los malos: calvos o con el pelo cortado a cepillo, narices rotas de boxeador, de grandes orejas... Sin duda, McCoy era un gran fan de la fisiognomía y de criminólogos como Cesare Lombroso. Ya se sabe, dicen que la cara es el espejo del alma...
Para ir concluyendo, el tomo The Phantom 1949-1951 es una buena muestra de la época dorada del personaje. Sus aventuras, aunque sencillas en su planteamiento, son tremendamente entretenidas. Recordemos que las tiras diarias tenían como misión enganchar al lector, por lo que la acción y los peligros a los que se enfrentaba el héroe debían ser constantes. La ventaja que tienen los lectores españoles es que Dolmen viene publicando simultáneamente tanto la etapa clásica del personaje —la anterior a 1975— como la posterior, con un nuevo enfoque por parte de su creador, Lee Falk, a quien también debemos otro grande de la historieta: Mandrake el Mago. Dos versiones de un personaje, The Phantom, cuyas aventuras siguen publicándose hoy en día, lo que demuestra que los valores que intenta transmitir son como él: eternos.










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