Con muchas ganas tras la expectativas levantadas de que iba en la estela de Homeland vimos el piloto de esta serie. En ella, nos han presentado a una pareja ficticia de espías rusos de la KGB infiltrados en la vida civil americana, Elisabeth (Keri Russell) y Philliph Jennings (Matthew Rhys) a principios de los 80, en plena Guerra Fria. No les faltan ni un par de hijos, chico y chica, para que todo sea aparentemente normal. Conocemos su doble vida, las distintas identidades a las que recurren para llevar a cabo sus distintas misiones... Sin embargo, un agente del FBI se muda justo al lado de ellos. ¿Casualidad o sospechan algo? De todas formas, ¿les merece la pena seguir con ese plan de vida?


La idea de la serie es muy buena, pero el desarrollo no ha sido tan brillante como anunciaban, al menos en este primer piloto. La pareja se nos presenta demasiado fría, cuesta empatizar con ellos, especialmente con Elisabeth. Mejor parado sale Phillips, que tiene más matices que ella. Cuida y quiere a los niños de verdad, tiene sentimientos por Elisabeth y le convence la familia que han creado. Elisabeth es puro hielo, ella lo da todo por la patria Rusia, y Phillips lo da todo por ella. Sin embargo, aún no vemos el por qué de tanto convencimiento de una chica que se instaló en USA hace más de 15 años y casi lleva media vida allí. Y más cuando su preparación para agente implicaba abusos por parte de sus superiores. Tampoco se entiende que tras 15 años conviviendo, sea ahora que pasen a tener una relación de verdad. ¿Es eso humanamente  y biológicamente posible?
¿NO ME CUENTAN MUY PRONTO QUE ÉL TIENE DUDAS?
De momento, la acción no es muy llamativa, no parece que el presupuesto de para mucho. Tampoco la ambientación en los 80 va mas allá de un par de coches de la época y una canción de Phill Collins. Debe de ser difícil de ambientar los 80, porque en The Carrie Diaries pasó lo mismo. Tampoco es que aportara mucho a la serie que viéramos cardados y hombreras, pero es que a poco que te despistes, te crees que la serie es en esta época. El agente que sospecha de ellos, Stan Beeman (Noah Emmerich) tampoco tiene el carisma que necesitaríamos. Sí está bien llevado en cambio lo referente a sus actuaciones como agentes de la KGB y sus encuentros con sus jefes. Se nota que están bien asesorados y se ven muy realistas.


Técnicamente tampoco destaca por un rodaje brillante, posiblemente ocurra igual que con la acción,  que el presupuesto no es el que hubieran necesitado. Y desde luego, deberían explicar a gran parte de la juventud lo que era la Guerra Fría, el Bloque Comunista y la KGB, dado el nivel cultural imperante.

Sin embargo, hay mucho en ella que hace que quiera seguir viéndola, y darle otra oportunidad para engancharme. Tengo que ver si más adelante me sabrán definir mejor a los personajes, o no. Necesito que me cuenten más de ellos. Si es casual que tengan de vecinos a un agente del FBI, lo cual sería para dejar de ver la serie, o si responde a algo que nos tienen que explicar. No me atrevo a dar un veredicto claro sobre ella. Está tomada en serio y tienen ganas de hacerlo bien pero tienen que demostrar que sus personajes y motivaciones nos pueden llegar e interesar lo suficiente para que queramos seguir sus andanzas. Su estreno fue lo segundo más visto de la noche en cable, acumulando 4,7 millones de espectadores para el canal FX. Son muy buenas cifras si consigue mantenerlas. Ya lo veremos.

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