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EL ZOMBIE EN EL CINE (III): LOS AÑOS SANGRIENTOS

En contra de toda lógica, las aportaciones al género zombi tras el estreno de La noche de los muertos vivientes fueron más bien escasas. Las modestas Children shouldn´t play with dead things (1972) y Messiah of evil (1972) copiaban a la película de Romero desde el punto de vista formal, pero tampoco llegaban mucho más allá. También existen apariciones
de estas entrañables criaturas en Sugar Hill (1974) dentro del fenómeno de la “blaxplotation” tan propio de la época (adaptación de temas populares en el cine, protagonizados por afroamericanos para un público también afroamericano) o como excusa para plantear un erotismo light (La rebelión de las muertas, Una virgen entre muertos vivientes (1973)).

PÓSTER GALO DE UNA VIRGEN ENTRE MUERTOS VIVIENTES (1973)

Curiosamente, las películas más interesantes sobre el tema zombi vienen de nuestro país, donde en los primeros años setenta se produjeron toda una serie de films fantásticos de gran calidad que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas de nuestros cines, pero que alcanzaron cierta popularidad fuera de nuestras fronteras. A este grupo pertenece la tetralogía de Amando de Ossorio sobre los Templarios Ciegos (1971-1975). En estas películas, los muertos vivientes son ciegos y se orientan a través del oído, siendo ésta la única debilidad que las victimas pueden utilizar para escapar de estos monstruos. Además de La noche de los muertos vivientes, en estas cintas se pueden rastrear influencias de Gustavo Adolfo Bécquer (El monte de las ánimas) y de H.P. Lovecraft (Dagon), sobre todo en La noche de las gaviotas, último film de la tetralogía.

NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (1974), DE JORGE GRAU

Sin embargo, la auténtica precursora del siguiente film de Romero sobre la temática zombi puede encontrarse en No profanar el sueño de los muertos (1974) donde el aumento de la sangre y las vísceras empieza a hacerse evidente. Aún recuerdo las noches sin dormir que me produjo su visionado cuando era un desprevenido niño y la programaron en el ciclo de películas de terror de Narciso Ibáñez Serrador “Mis terrores favoritos”. Hemoglobina aparte, la novedad en el tratamiento de la temática zombi de esta película radica en el toque ecológico, puesto que la causa de que los muertos se levanten de sus tumbas se encuentra en una máquina de ultrasonidos puesta en marcha por el gobierno para erradicar a los bichos e insectos que menguaban las cosechas en el campo.

FOTOGRAMA DE DAWN OF THE DEAD
Finalmente en 1979, con una ayudita económica de Dario Argento, George A. Romero estrena Dawn of the dead (en nuestro país recibió el título de Zombi), la segunda parte de su saga acerca de los muertos vivientes. La película no sigue la trama de la película original y se centra en otro grupo de supervivientes (una estrella del rock, su novio y dos agentes del SWAT) que se refugian en un centro comercial huyendo del acoso de los zombis. Algunas personas han querido ver una cierta crítica al consumismo en su argumento, conceptual, por la alegría inicial de los protagonistas al llegar al centro comercial e identificarlo como el paraíso, o bien gráfica, por las escenas en que los muertos vivientes pasean por los pasillos del supermercado. A medida que avanza el metraje, y con un aumento del número de zombis a las puertas, los humanos se dan cuenta que el centro comercial es una cárcel y, tras el asalto de una banda de motoristas que permite la entrada de las criaturas en el edificio, se desencadena la tragedia.

DAWN OF THE DEAD, ¿CRÍTICA DEL CONSUMISMO?

Esta película se hizo famosa sobre todo por su gore excesivo, obra del maquillador Tom Savini, que provocó que fuera prohibida su exhibición en varios países. En España se estrenó con la añeja clasificación S, y es el motivo por el que existen diferentes montajes de la cinta. Si La noche de los muertos vivientes sentó las bases del género, Zombi lo hizo popular, consiguiendo un considerable éxito de taquilla y la aparición de múltiples películas que la copiaban descaradamente. Hasta que llegamos a los años ochenta y, ay, todo se estropeó bastante.

Podéis ver las dos primeras partes del monográfico aquí y aquí.

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