Kong: La Isla Calavera. La Crítica

Producir una película basada en un mito del cine no es tarea fácil, sobre todo por la facilidad que tenemos para hacer comparaciones odiosas. Kong: La Isla Calavera, dirigida por Jordan Vogt-Roberts —casi un debutante en la gran pantalla—, ahonda en el misterio que rodeaba el hogar del mono gigante creado por los cineastas Merian C. Cooper y Edgar Wallace en el film de 1933. Y lo hace no pretendiendo rehacer la mítica película, sino dándole otro enfoque completamente diferente que, a pesar de la incredulidad inicial, llega a funcionar bastante bien. En Estados Unidos, la película no va mal en recaudación, incluso superando a Logan, reina de la taquilla desde su estreno, aunque habrá que ver si finalmente logra amortizar y superar los 185 millones de dólares que ha costado producirla.

Kong: La Isla Calavera

Planeada como la segunda película del universo monstruoso compartido de la productora Legendary —la primera fue Godzilla (2014)— Kong: Skull Island nos sitúa en 1973, recién finalizada la guerra del Vietnam. La organización gubernamental Monarch, nexo de unión con el film de Gareth Edwards, patrocina una expedición a una isla inexplorada del Pacífico. Escoltados por un escuadrón de helicópteros procedente de las tropas destacadas en Vietnam arriban a una misteriosa isla en la que el "Rey" Kong es amo y señor absoluto.

El primer acierto de la película es ambientarla a comienzos de la década de los 70. En plena fiebre nostálgica, todo aquello que huela a cine como el que se hacía en los 70 o los 80 del pasado siglo cuenta con el favor del público. Fenómenos como Stranger Things no son casualidad, y Kong Skull Island viene a sumarse a esta moda por lo retro que tan contentos nos hace a aquellos que aún pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor... en determinadas cosas, claro.

Brie Larson, Tom Hiddleston

Sin embargo, y aunque algunos la han catalogado como una especie de Apocalipsis Now con monstruos gigantes, el film de Jordan Vogt-Roberts no es más que un fresco divertimento sin más pretensiones que entretener, algo que consigue. Además, sienta unas bases bastante sólidas para lo que la productora Legendary planea hacer con la franquicia de criaturas gigantes de la japonesa Toho, como son Godzilla, Mothra y otras colosos a los que por cierto dediqué un par de posts que os invito a leer.

En plena fiebre nostálgica, todo aquello que huela a cine como el que se hacía en los 70 o los 80 del pasado siglo cuenta con el favor del público.


Los efectos visuales, bastante convincentes, recrean el espectacular escenario donde se desenvuelven las aún más espectaculares criaturas, verdaderas protagonistas de la película. Tanto Kong como el resto de bestias gigantes están muy logradas, y hay más de una escena que queda en la retina aún después de finalizar la película, como la lucha entre el mono y el cefalópodo —primeras noticias de que los pulpos se críen en agua dulce, pero aceptamos, eso, pulpo como animal de compañía—, o la intensa escena en la que los protagonistas se adentran en un monumental osario.

Kong: La Isla Calavera

En cuanto a los actores, nada que objetar: Samuel L. Jackson efectivo, haciendo de Samuel L. Jackson; un Tom Hiddleston algo perdido como héroe de acción; John Goodman sin demasiadas ocasiones de lucirse como el gran actor que es; y, finalmente, Brie Larson, futura Capitana Marvel en Los Vengadores: la Guerra del Infinito, como la intrépida fotógrafa de guerra Mason Weaver. En este caso, los guionistas, aunque han introducido la atracción entre la "bella y la bestia" como en películas anteriores, ha sido más como guiño u homenaje que como algo de veras relevante, pues en este caso la bella no supone la perdición del simio gigante. La  actriz Jing Tian está presente como cuota oriental de cara al mercado chino; el personaje de John C. Reilly, aunque enfocado como una especie de alivio cómico en un principio, acaba siendo uno de los mejores personajes de la película.

A pesar de lo cuidado de la producción, la cinta no deja de tener cierto regusto a serie B, lo que no tiene por qué ser algo negativo. La cantidad de monstruos gigantes presentes en la película la acercan más a aquellas producciones de los 50's repletas de criaturas animadas por stop motion de todo pelaje que a un film que intente ser mínimamente realista. Sin embargo, es algo que se agradece, ya que la película no se toma demasiado en serio a sí misma ni intenta ser lo que no es, a pesar de que tenga algunas escenas bastante sangrientas.

John C. Reilly

Kong: La Isla Calavera tiene ciertos fallos incomprensibles que me sorprendieron. En primer lugar está el detalle de los helicópteros. Cuando vemos al carguero de la expedición de Monarch navegar hacia la funesta isla observamos en su cubierta no más de 5 de estos aparatos. En cambio, cuando llegan a la isla y estos despegan del barco vemos volar en formación no menos de 10 helicópteros. ¿Dónde estaba el resto? ¿Bajo la cubierta? No se trata de un portaaviones. En mi opinión es un fallo incomprensible.

La cantidad de monstruos gigantes presentes en la película la acercan más a aquellas producciones de los 50's repletas de criaturas animadas por stop motion de todo pelaje que a un film que intente ser mínimamente realista.


Otro agujero de guión es todo lo relativo a la teoría de la Tierra hueca que se menciona varias veces en la película. El geólogo que interpreta Corey Hawkins (The Walking Dead) explica que el Dr. Randa (John Goodman) sostenía que la Isla Calavera podría ser una especie de puerta por la que las criaturas colosales del inframundo podían salir a la superficie. Pues bien, parece que todo ese asunto se obvia de la película y no se vuelve a tratar, un callejón sin salida argumental que podría haberse aprovechado en alguna escena para mostrar el lugar de donde procede esta fauna tan gigantesca.

En definitiva, Kong: La Isla Calavera es una película entretenida, con unos muy convincentes efectos visuales, y una puesta en escena original dada su ambientación. Si añadimos una fotografía que apuesta por las escenas diurnas —las pelis con monstruo acechando de noche ya cansan un poquito, la verdad—, el resultado es casi redondo para lo que podemos esperar de una producción de este tipo. En varios aspectos superior al Godzilla de Gareth Edwards, Kong: Skull Island supone el verdadero inicio del monstruoverso de la productora Legendary, al que pronto se le unirán criaturas como Mothra, Rodan, o King Ghidorah, como ya anuncia su escena post-créditos, la cual no debéis perderos.

Crítica de Kong: La Isla Calavera, segunda película del universo monstruoso compartido de la productora Legendary tras Godzilla (2014)

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