GODZILLA (2014). LA CRITICA (CON SPOILERS)

En este 2014 se cumplen 60 años desde el estreno en Japón de la película Godzilla, del realizador Ishiro Honda. Por ello no era extraño que Warner Bros. y Legendary Pictures decidieran que este era el momento de relanzar la franquicia del monstruo, mas muerta que viva después de la decepcionante versión de Roland Emmerich de 1998. Para este nuevo reinicio de una de las sagas monstruosas mas célebres del cine, los estudios se fijaron en un relativamente novato realizador, Gareth Edwards, con solo un largo a sus espaldas, la modesta pero notable película Monsters (Monstruos), una producción "indie" con criaturas extraterrestres como excusa argumental.

La razón detrás de esta decisión, la de elegir a un realizador como Edwards, era dar a esta nueva versión del mítico monstruo de la productora japonesa Toho un toque mas humano, centrando la película mas en los personajes y sus reacciones ante las calamidades provocadas por las criaturas que en los monstruos en si. Mas o menos lo que Legendary y Warner pretendían era que Edwards les hiciera de nuevo Monsters, solo que con mas presupuesto y con monstruos franquiciados. Esta apuesta ha dado como resultado un producto irregular e insatisfactorio, un film que no es ni de monstruos ni un drama humano, con unos protagonistas con los que apenas es posible empatizar aun que ese fuera el objetivo de guionista y director.

MIRAR HACIA ARRIBA ASUSTADOS NO HACE QUE EMPATICEMOS MAS CON LOS PROTAGONISTAS

Tras unos títulos de crédito iniciales acompañados de una banda sonora de Alexandre Desplat que, intencionadamente o no (me inclino por esto último), sonaban a score de serie B, la película arranca en Filipinas, hace 15 años, con el descubrimiento en unas minas de unos gigantescos fósiles y algo que parece haber surgido de allí. Mientras, en Japón, Joe Brody (Bryan Cranston), responsable de una central nuclear, tras producirse una fuga radiactiva en la que pierde a su esposa (Juliette Binoche), queda obsesionado con conocer lo que causó el colapso. Años mas tarde, Ford (Aaron Taylor-Johnson), su hijo, es ahora un militar que debe volver a Japón a encontrarse con el, aun obsesionado con encontrar el origen de las misteriosas vibraciones sísmicas que provocaron la muerte de su esposa. A partir de este punto entraremos de lleno en la crítica del film, spoilers incluidos.

CRANSTON, ELIMINADO DE LA ECUACIÓN EN FAVOR DEL INEXPRESIVO TAYLOR-JOHNSON

Este es el punto de partida del film de Edwards, un buen punto de partida si no fuera porque a partir del descubrimiento por parte de Joe y su hijo de lo que el gobierno americano y japonés esconden realmente en la central nuclear destruida, todo va cuesta abajo. En primer lugar tenemos la discutible decisión de matar al personaje interpretado por Cranston en el primer tercio de la película. Podemos admitir que la muerte de su esposa en la central nuclear sirviera como acicate a su obsesión por conocer que había motivado el desastre, pero, ¿de qué sirve su propia muerte? La película, publicitada en los tráilers como protagonizada por Bryan Cranston, no está centrada en el en absoluto, sino en su hijo Ford y, muy de refilón, en su esposa Elle (Elizabeth Olsen). Ni siquiera se centra en el personaje que interpreta Ken Watanabe, el Dr. Serizawa, el cual solo aparece para soltar frases grandilocuentes sobre la naturaleza y su poder como especie de homenaje al film clásico de 1954.
EL ALMIRANTE STENZ (DAVID STRATHAIRN) Y SERIZAWA (KEN WATANABE), EL ÚNICO ACTOR JAPONÉS DE HOLLYWOOD

Aaron Taylor-Johnson es, de hecho, el protagonista de la cinta, y tanto es así que, increíblemente, logra estar en todos aquellos lugares en los que se encuentran las criaturas. Desde que descubre junto a su padre al primer monstruo en las instalaciones de la central de Janjira hasta que termina la película, Ford Brody está en todas y cada una de las escenas de los ataque de las bestias. Puedo admitir que quieran convertir a Taylor-Johnson en una estrella a fuerza de darle planos, pero no a costa de concederle el don de la ubicuidad y estar presenta en cada momento trascendente de una película. Ya ocurría algo así con Brad Pitt y Guerra Mundial Z, y así lo pusimos de relieve en nuestra crítica

De esta forma, asistimos durante casi toda la totalidad del metraje, al periplo de Ford junto al ejército americano por todos los escenarios de lucha contra las criaturas: de Japón a Hawaii y de ahí a San Francisco, en barco, helicóptero, avión y tren. Mientas tanto, su esposa Elle le espera en San Francisco junto al pequeño de ambos, Sam, casi sin enterarse de los ataques de los monstruos hasta que no los tienen casi encima. Edwards y el casi novel guionista Max Borenstein fallan a la hora de presentarnos un drama humano mezclado con monstruos gigantes precisamente porque no hay conexión entre esos personajes humanos. Lo que debía ser un film de monstruos asentado en la realidad que nos transmitiera el desasosiego de unos personajes que asisten casi impotentes a tal desastre falla en todos los frentes, ya que no es ni lo uno ni lo otro, ni un film de kaijus ni un drama familiar.

¿QUIEN QUIERE VER A GODZILLA CUANDO TENEMOS A AARON TAYLOR-JOHNSON?

Precisamente, el que debía ser el protagonista de la cinta, el cual le da nombre, es Godzilla, y este, tenían razón las primeras críticas, sale poco. Las primeras reacciones al film hablaban que el rey de los monstruos y las otras criaturas, los mutos, tendrían pocas escenas y, aunque esto no es totalmente así, no puede decirse que Godzilla sea el protagonista de esta película, ni mucho menos. Frente al poco metraje en el que hace acto de presencia Godzilla, si que vemos bastante a las otras criaturas, una extraña mezcla de dos de los monstruos de la saga clásica de la Toho: Gimantis y Rodan. El monstruo de la cinta es una combinación de las mantis gigantes y el pterodáctilo conocido como Rodan de los films de Godzilla, con algún que otro guiño a otras criaturas como Mothra (el terrario en la casa abandonada de Brody) o Hedorah, surgida de unas esporas.

Otra de las deficiencias que se le pueden achacar a la película es que, casi la totalidad de las escenas en las que aparecen los monstruos, transcurren o de noche, entre la bruma o el humo, salvo un par de excepciones. También he tenido la sensación de que, a pesar de la magnitud de la devastación producida por Godzilla y las otras criaturas, las víctimas humanas siempre son sugeridas fuera de plano. En ningún momento se nos transmite que la destrucción de las ciudades por las que pasan los monstruos esté causando víctimas, ya que no las vemos, se no escamotea esta parte inevitable del desastre, algo extraño en una película que pretende ofrecernos una versión realista de un film de monstruos.

En definitiva, este reinicio de la saga Godzilla ha divertido y emocionado menos de lo esperado, quedándose a medias en lo que prometía ofrecer, que no era otra cosa que un film de monstruos trufado con algún que otro toque de drama humano. Edwards y Borenstein han fallado, pues la película no es ni carne ni pescado, y posiblemente dejará insatisfechos tanto a aquellos espectadores que se acerquen al cine para ver una película de Godzilla creando el caos como a aquellos que crean que se van a encontrar con un estimable film centrado en los personajes mas que en la acción. En cambio, aquellos que gusten de las americanadas tipo Independence Day posiblemente lleguen a encontrarle su punto de diversión a la película. Como guinda a este agridulce pastel, su conclusión, una escena final que, lejos de impresionar o emocionar, induce casi a la risa y el chiste fácil. Mal comienzo para lo que pretende ser una nueva franquicia cinematográfica basada en tan mítico monstruo.

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