LOS INHUMANOS, DE MOENCH, PEREZ Y KANE. LA CRITICA

Desde su presentación allá por los años 60 del pasado siglo, Los Inhumanos siempre han sido unos personajes secundarios en las colecciones Marvel, sobre todo en la de Los 4 Fantásticos. Lastrados por dicha condición de segundones, la familia real de Attilan y sus súbditos nunca tuvieron un origen todo lo bien definido que se merecían. Sin embargo, en 1975, el guionista Bill Mantlo decidió que George Pérez, por aquel entonces un joven dibujante proveniente de Los 4 Fantásticos, se hiciera cargo de una colección centrada exclusivamente en Los Inhumanos, la primera que inaugura en su carrera.


La colección de Los Inhumanos solo duró 12 números, 11 si tenemos en cuenta que el 9 fue una reimpresión. De todos esos números, Pérez solo dibujó cinco, haciéndose cargo de la colección un Gil Kane en plena forma. Parece que Pérez comenzó con mal pie su primera nueva colección, ya que el primer número hubo de dibujarlo en el plazo de solo una semana, pues su lanzamiento arrastraba ya un retraso de un mes. Además, los complejos guiones de Doug Moench, dejaban poca libertad de movimiento al novato Pérez quien, por ejemplo, se encontró en serias dificultades para encajar el denso primer capítulo en solo un número.

En estos 12 números, Moench intenta conectar a los habitantes de Attilan, el reino escondido de Los Inhumanos en el Himalaya, con sus "creadores", los alienígenas Kree. En el primer número del volumen se nos presenta a Blaastar quien, tras ser convenientemente liberado de su prisión submarina por un meteoro procedente de las estrellas, vuela hacia Attilan con el fin de crear el caos entre Los Inhumanos. Este ataque no es otra cosa que un plan del imperio Kree para recuperar a sus creaciones, Los Inhumanos, para que luchen en una guerra entre civilizaciones galácticas en la que esta última raza tiene mucho que perder y nada que ganar.


Este es el punto de partida de la entretenida saga cósmica de Los Inhumanos, una historia con conceptos tan interesantes como los Kaptoroides, unos robots gigantes que me hicieron recordar las palas excavadoras repletas de gente de la película Cuando el Destino Nos Alcance (Soylent Green, 1973), o enemigos tan formidables como Shatterstar, un Kree que consigue hacérselas pasar canutas a nuestros héroes.

Tras solo 4 números, se hace cargo de la colección Gil Kane, por aquellos entonces con 50 años, otro peso pesado pero con mucha mas experiencia que Pérez, de solo 21. En el arco argumental que inaugura, Maximus, el hermano demente de Rayo Negro, logra hacerse con el poder en Attilan ayudado por Shatterstar. Kane, mucho mas experimentado que Pérez, nos deja con viñetas con composiciones alegóricas que subrayan sobre todo el sufrimiento de Rayo Negro viendo como su pueblo es conducido como ganado hacia una inmensa nave que les llevará a un destino incierto. Lo mas destacable del dibujo de Kane es la enorme capacidad para plasmar el dinamismo de los personajes, haciendo que parezcan moverse realmente dentro de la viñeta.


Como ocurre en otras historias ambientadas en la parte cósmica del Universo Marvel, salen a la luz las inevitables analogías entre ciertos personajes y sus acciones y la iconografía cristiana (como el personaje de Adam Warlock, por ejemplo). La imagen dibujada por Gil Kane de un Rayo Negro encadenado con los brazos en cruz mientras llora por su pueblo esclavizado invita al paralelismo con el mesías cristiano. El imperio Kree serían aquí los dominadores romanos quienes, a través de insidias y traiciones, casi logran esclavizar a Los Inhumanos mas poderosos para que luchen en una guerra mas allá de las estrellas.

A partir del número 7 de la colección, la familia real de Attilan (Rayo Negro, Gorgon, Medusa, Karnak, Gorgon y Tritón) se embarcan en un viaje por la galaxia en busca de un nuevo hogar para su pueblo, hallando por el camino conceptos de la ciencia ficción tan interesantes como las gigantescas ciudades móviles con forma de insectos (¿quizás inspiradas en las imaginadas por E.R. Burroughs en su saga de Barsoom?). Obviamente, Los Inhumanos se ven involucrados en la guerra que mantienen estas ciudades móviles, gobernadas por una élite dominante que sufre los ataques de una clase oprimida. Quizás el joven Doug Moench (por entonces con 27 años) aprovechó este cómic para verter algunas de sus propias ideas políticas, condicionadas por la convulsa situación social que se vivía en 1976 en los Estados Unidos.


Tras Gil Kane llega a la colección Keith Pollard, un dibujante quizás mas convencional que su antecesor pero igual de efectivo. Tras el periplo galáctico, la acción se traslada de nuevo a la Tierra, con Los Inhumanos atrapados en plena Nueva York entre un nuevo emisario de los Kree y nada menos que Hulk.

Sin embargo, el arco argumental que ha mantenido ocupados a Rayo Negro y los suyos durante 12 números no concluirá en su colección, sino en el número 53 de Capitán Marvel, lo cual da que pensar que esto se hizo para finiquitar una historia que, de otra forma, habría quedado inconclusa al cancelarse la colección de Los Inhumanos.

En definitiva, Los Inhumanos de Moench, Pérez y Kane es un intento por parte de Marvel de dar mas profundidad a unos personajes que hasta entonces habían sido unos meros segundones, siempre comparsa de otros héroes mas importantes que ellos. Ello había motivado que nunca se explorara adecuadamente su conexión con sus creadores, los Kree, algo que Moench intenta (y mas o menos consigue) en estos 12 números. Si os gusta la parte cósmica del Universo Marvel, esta colección no os defraudará, si sabéis perdonar los lógicos fallos de un dibujante primerizo como era George Pérez por aquellos entonces y ciertos agujeros de guión de un Doug Moench no mucho mayor que el.

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