VEGAS, EPISODIO 1X01: LA CRITICA

La televisión sigue ofreciendo un retiro dorado a las antiguas estrellas de cine. Si Kevin Costner se lució en todos los sentidos con la miniserie Hatfields y McCoys, ahora es Dennis Quaid el que lo intenta con una serie de supuesto mayor recorrido, Vegas. En ella, un modesto vaquero viudo, Ralph Lamb (Dennis Quaid) trabaja junto a su hermano pequeño Jack
Lamb (Jason O´Mara), y su propio hijo Dixon Lamb (Taylor Handley) para salir adelante. Pero estamos en 1960, mala época para vivir de la tierra en Las Vegas cuando se está transformando rápidamente en la ciudad del juego por excelencia. Entre los nuevos habitantes, tenemos al mafioso Vincent Savino (Michael Chiklis) que viene dispuesto a controlar hasta el ultimo detalle (literalmente) de lo que allí pase. Un asesinato de una chica de familia bien desembocará en el primer caso para Ralph, ya que la policía acude a él, sabedora de sus habilidades detectivescas de su pasado en la II Guerra Mundial. Este caso nos servirá para conocer los rudos modos de Ralph, y su verdadero destino en Las Vegas

UNA MEZCLA LITERAL DE DOS MUNDOS BIEN DIFERENTES
Aunque parezca mentira, este personaje, Ralph Lamb, existe y fue sheriff, hasta que perdió la reelección por haber sido acusado de evadir impuestos en 1978. No era muy admirable, pero no es eso lo que veremos en Vegas, es suficiente con el piloto para darse cuenta. El nuestro es muy honesto, sencillo, incorruptible, y apegado a la familia. Una familia que no hace ningún favor a Ralph, con un Jack que no sabe donde está (O´Mara parece que sigue buscando dinosaurios), y un hijo, Dixon, que ojalá no supiéramos nosotros por donde anda. No se puede aportar menos a una serie. El antagonista, Vincent, no parece tener el carisma suficiente para que nos interese la lucha que suponemos tendrá con Ralph. La obligada contrapartida femenina para nuestro doliente viudo es la agente Katherine O´Connell (Carrie Ann-Moss), que no ha nacido para los papeles de seductora con ese aspecto tan serio. Poca química tienen estos dos. 

VEREMOS SI SON CAPACES DE DARNOS GRANDES MOMENTOS. COMPLICADO.
De todas formas, esto se convierte al poco de empezar en lo que verdaderamente es, un procedimental. Ralph va investigando de forma rutinaria un caso que no ofrece mucha emoción. El hecho de que esté ambientada en los sesenta, suponemos que es para alejarla de la tecnología de los CSI y diferenciarse de los métodos deductivos actuales. Sin embargo, estéticamente no ofrece la belleza y glamour de otras series ambientadas en esa década, como Mad Men o Magic City. Si pensáis verla porque os gusten los 60, olvidadlo. 

Que este cumplidor piloto, pero poco más, lo haya dirigido James Mangold, preocupa de cara a que este hombre sea capaz de hacer una buena película con The Wolverine. Hasta la escena de acción que debe impresionarnos, la que implica a un coche en la pista de aterrizaje, es bastante cortita. Al menos, reconoceremos que se toman un episodio entero para contarnos el verdadero papel de Ralph, ya que en otras, en un minuto habría pasado de vaquero a sheriff. Ciertamente, Dennis Quaid merecía algo más destacable y novedoso para aparecer semanalmente en televisión, aunque fuera en un procedimental. Teniendo en cuenta que tanto él como Michael Chiklis aparecen de productores, quizás debieron exigirse más a ellos mismos y no arriesgar tan poco.

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