HATFIELDS Y McCOYS: EPISODIO 1. LA CRITICA

Con la curiosidad que nos produjo saber que había batido récords de audiencia en USA, con más de 14 millones de espectadores, algo espectacular para el canal de cable History Channel, vimos el primer episodio de esta miniserie de 3 episodios. Comienza en la Guerra de Secesión Americana, donde Anse Hatfield (Kevin Costner) y Randall McCoy (Bill
Paxton) son dos compadres que combaten en el bando confederado. La guerra se nos muestra con toda su dureza, así que ante el panorama, Anse decide desertar y volver a su pueblo ante el estupor de su vecino Randall. Pasa el tiempo y la guerra termina, con la vuelta de Randall como único superviviente del batallón, que no perdona a Anse su deserción y lo que ha pasado en la guerra, aunque no delata que es un traidor. Ambas familias, o más bien clanes, empiezan a engendrar un rencor que se va incrementando con asesinatos, robos, ofensas y malentendidos de uno y otro bando... Pero pasa el tiempo y el hijo de Anse, Johnse Hatfield (Matt Barr) se enamora de la hija favorita de Randall, Roseanne McCoy (Lindsay Phulsipher) la cual le corresponde, ajenos a todo esta historia. Los hermanos de la chica, de gatillo fácil, no están dispuestos a que su hermana se case con un miembro del clan enemigo.

¿QUIÉN SE PUEDE OPONER A QUE DOS SERES TAN RUBIOS NO ESTÉN JUNTOS?
El episodio, con la duración de un largometraje, tiene bastante calidad y está bien producida y ambientada. Las interpretaciones son muy buenas, estando Kevin Kostner y Bill Paxton estupendos. Es en el duro y salvaje oeste, a lo Deadwood, salvando las distancias. Los granjeros dependen de que la cosecha sea buena para comer, asesinatos que quedan impunes, se impone la fuerza... Los diálogos son bastante buenos e ingeniosos, a veces divertidos, y la serie se desarrolla sin prisa pero sin pausa. Estupendo el juez Hall Hatfield (Powers Boothe), justo a pesar de ser de uno de los clanesEstamos ante la enésima versión de Romeo y Julieta, pero con un reparto coral donde todos son importantes. La serie está basada en una historia real que fascina a los norteamericanos pero que yo, al menos, no conocía. Será por eso de que en dos siglos de historia no tienen demasiado donde elegir. No sabemos hasta que punto sigue la realidad de los hechos o se ha adornado para la televisión. No importa para disfrutar la historia, y tampoco quiero investigar hasta que termine la serie, pero por lo visto la liaron parda y cambiaron la historia de West Virginia y Kentuky.

LA TELEVISIÓN HA DADO UNA ALEGRÍA A COSTNER QUE EL CINE LE NIEGA ÚLTIMAMENTE
Si os gusta el género del oeste, pero en su versión más seria, os la recomiendo. Se recrea en los detalles y en las personalidades y matices de unos y otros. Es fácil entender el por qué del odio mutuo ya que en ambas familias hay abusones que terminan perjudicando a los demás parientes que quieren vivir en paz. A posteriori han salido algunas explicaciones del por qué de su éxito: que si al ser miniserie se termina pronto, que salen actores famosos, que la audiencia en su mayoría era de más de 50 años... Sin embargo, la crítica no la ha recibido tan bien, pero no vemos el por qué. Quizás Kostner todavía tiene muchos enemigos entre los críticos que pienso no son objetivos con su trabajo. No sabemos si al ser un tema tan norteamericano le irá bien fuera o si la comprarán muchas televisiones, pero merece la pena que os paréis a verla si tenéis la oportunidad. Nosotros la vamos a terminar porque tenemos que saber qué pasa. Y si eso sucede con una serie, es que al menos, cumple su función.

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