666 PARK AVENUE, EPISODIO PILOTO. LA CRITICA

¿Qué estaríais dispuestos a vender al diablo para conseguir vuestros más inalcanzables deseos? Esta es la pregunta a la que pretende dar respuesta la serie de la ABC 666 Park Avenue. Este nuevo drama sobrenatural televisivo nos presenta a una joven pareja, Jane Van Veen (Rachael Taylor) y Henry Martin (Dave Annable), con muchas ganas de triunfar y muy
poca suerte. Sus aspiraciones laborales se ven frustradas hasta que deciden solicitar un empleo como personal de mantenimiento en un gran edificio de apartamentos, The Drake. El edificio, construido en 1923, es propiedad del diabólico Gavin Doran (Terry O’Quinn), el cual se dedica a otorgar a sus inquilinos sus más íntimos e inalcanzables deseos a cambio de servirles so pena de perder sus almas.

DORIAN (TERRY O´QUINN) Y SU ESPOSA OLIVIIA (VANESSA WILLIAMS)

Jane, en una de las revisiones habituales del edificio, encuentra en el sótano un enigmático mosaico con la figura de un dragón, el cual, tras investigar un poco el pasado del inmueble, descubre que era un poderoso símbolo de una logia de principios del siglo XX. Los hechos misteriosos se van sucediendo, como accidentes fortuitos entre los inquilinos, resurrecciones, aparecidos y demás parafernalia en este tipo de series.

LA SEMILLA DEL DIABLO
A 666 Park Avenue, como producto de una cadena generalista que es, no se le puede pedir mucho. De todas formas, tampoco tenemos que conformarnos con que ofrezca tan poco. La serie pretende poner al día el eterno mito de Fausto ambientando la acción en uno de los cientos de edificios de principios del siglo XX de este estilo que hay en Nueva York, como ya hizo la primera temporada de American Horror Story, aunque careciendo de las virtudes de esta y ambientando la acción en Los Angeles. Lo primero que se nos viene a la cabeza al ver esta serie son sus similitudes con otros shows y películas, como La Semilla del Diablo, la más obvia (el medallón de Jane), El Resplandor (el escritor sin inspiración), Pactar con el Diablo (la pareja joven deslumbrada por su aparente buena suerte), La Ventana Indiscreta (esa vecina que gasta poco en cortinas) o, incluso, Cazafantasmas (toda esa mitología de las logias y la arquitectura mágica). De estos y otros films 666 Park Avenue toma elementos de aquí y allá y los enlaza, adobados con algunos sustos más que previsibles.

QUE MI JEFE FUERA TAN AMABLE YA ME OLERÍA A CHAMUSQUINA

Pero el gran fallo de la serie es, en mi opinión, la ausencia de misterio desde el primer momento. En una película de dos horas en la que hay poco tiempo de contar una historia, está justificado que el suspense y la intriga puedan surgir desde un primer momento. Sin embargo, en una serie con muchos capítulos por delante y donde se pueden dosificar las revelaciones, mostrar más de la cuenta desde el minuto uno es todo un error. Y esto último es precisamente lo que sucede con 666 Park Avenue, donde enseguida se nos pone al día de todo lo que ocurre de extraño en el edificio, cómo ocurre y quien lo provoca todo, sin medias tintas ni guardando nada para enganchar a la audiencia para próximos episodios. 


En conclusión, ¿qué misterios quedan por revelar que puedan hacer atractivos seguir viendo la serie? Para mi, pocos, tan solo el habitual repertorio de muertes rocambolescas y aparentemente casuales en este tipo de series, o conocer la razón última de por qué el personaje interpretado por Terry O´Quinn (Perdidos) está recolectando todas esas almas. Sinceramente, no es suficiente para una serie con vocación de más de una temporada. 

666 Park Avenue es una serie que agradará a fans del terror suave y del susto fácil pero que dejará insatisfechos y con una gran sensación de dèjá vu a esos otros fans que le exigen algo más a una serie en la que el mismísimo diablo es el protagonista.


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