Con Luna de Miel en el Infierno y Otros Cuentos de Marcianos ponemos punto y final a las reseñas dedicadas a las novelas y relatos de ciencia ficción del escritor estadounidense Fredric Brown (1906-1972). Publicada en España por Ediciones Gigamesh, esta monumental obra en cuatro volúmenes (de la que este libro es su segunda entrega) la componen cinco novelas y numerosos relatos, que van desde la novela corta hasta el microrrelato, del que el escritor era todo un maestro. En la nota del editor, al principio del libro, se aclara que estamos ante la versión española de una antología compilada por una asociación estadounidense de aficionados a la ciencia ficción. No debió ser tarea fácil, ya que las narraciones de Fredric Brown no solo están dispersas por diversas revistas de ciencia ficción de la época, sino que también en publicaciones que, a priori, trataban más el crimen, el misterio o lo sobrenatural.
Fredric Brown, un autor entre la ciencia ficción y la novela negra
En la presentación de la obra, César Mallorquí (multigalardonado autor español de ciencia ficción y fantasía del que recomiendo la novela El Coleccionista de Sellos, de 1996) hace una breve semblanza del estilo de Fredric Brown. Entre sus principales cualidades figura la economía del lenguaje, que se traduce en una habilidad especial para escoger siempre las palabras justas, un talento que le vino de su faceta como periodista. También su gusto por la ironía, la sátira y el humor, a veces negro. Su desbordante imaginación a la hora de rematar las historias con un giro sorprendente es otra de sus virtudes, algo que en este volumen podemos comprobar de manera sobrada.
Fredric Brown solo escribió cinco novelas de ciencia ficción, frente a veintitrés del género negro o policíaco. No obstante, su narrativa corta fantástica es amplia y de calidad, con relatos que van desde la veintena de páginas hasta, en algunos casos, solo media página. Abordar aquí todos y cada uno de los cuentos recopilados en Luna de Miel en el Infierno sería una labor ingente. Por tanto, solo destacaremos aquellos que, por un motivo u otro, merecen ser destacados.
Los cuentos de marcianos de Fredric Brown
Los relatos de este volumen han sido ordenados cronológicamente por orden de publicación. El primero, El Último Tren, apareció en 1950, en el número de enero de la revista Weird Tales. Es especialmente útil para coleccionistas y aficionados a la obra de Fredric Brown el apéndice bibliográfico incluido al final del libro. En él no solo aparece el título original del cuento y dónde fue publicado por vez primera, sino también en qué antologías en lengua española ha sido incluido. Algunos críticos han calificado a The Last Train como uno de los mejores relatos de Brown, y no les falta razón.
La Flota de la Venganza es otro gran relato sobre paradojas temporales. De hecho, es el primero en el que el autor trata este tema. El relato es genial, con un final impactante que no te esperas. Atrapado (Entity Trap) tiene una premisa similar a la novela de Brown La Mente Invasora (1960), incluida en el volumen de Gigamesh El Granuja Espacial y Otras Novelas de Marcianos.
Obediencia es un emotivo relato sobre las dificultades que conlleva el contacto con una especie alienígena. Sin duda, los científicos que plantearon la hipótesis del bosque oscuro se basaron en relatos de ciencia ficción como este para explicar por qué no hemos captado ya señales de una civilización extraterrestre. Luna de Miel en el Infierno es otro relato fruto de la era de la Guerra Fría. La premisa es interesante, y su giro final tiene no pocas conexiones con el famoso discurso que el presidente Ronald Reagan proclamaría en 1987 ante la ONU.
El Hipnotizador de Seis Patas es un divertido relato en el que se plantea una original estrategia de supervivencia de una especie de tortuga venusiana. El relato fue escrito en colaboración con Mack Reynolds (1917-1983), un por entonces aspirante a escritor de ciencia ficción con quien Brown había hecho amistad al mudarse a Taos, Nuevo México, una especie de paraíso para bohemios y artistas. Reynolds colaboraría en varios relatos más de Brown.
No era muy habitual que Fredric Brown deslizara en sus relatos cuestiones políticas o sociales. En las contadas ocasiones en que lo hacía, normalmente se refería a temas como la aceptación del diferente y el racismo. Interludio Oscuro es un gran ejemplo, con uno de los finales más duros del libro. Publicado en enero de 1951 en la revista Galaxy, debió de originar no pocas cartas al director en los siguientes números.
Los años 50, edad dorada de los relatos de ciencia ficción
Los años 50 del pasado siglo fueron, sin duda, una era de esplendor para el género de ciencia ficción. Fredric Brown supo aprovecharse de ello, vendiendo sus cuentos a numerosas revistas. Entre los más apreciados parece que figuraban los relatos humorísticos, como Un Hombre de Provecho (de nuevo, un borracho nos salva de una invasión alien), El Cambalacheador (intercambio mental) o El Dibujante, sobre un caricaturista contratado por una raza extraterrestre.
La Guerra Fría era uno de los temas que más influyeron en la narrativa breve de ciencia ficción de la época. En Luna de Miel en el Infierno y Otros Cuentos de Marcianos encontramos buenos ejemplos de ello. A Brown se le daba bien este tema, como lo demuestra los tremendos relatos El Arma y La Cúpula. Un Mensaje de Nuestro Patrocinador sigue la misma línea, introduciendo conceptos como el control de la humanidad por un ente omnipotente. Otra alegoría de la confrontación con los rusos es el relato El Sicario. Escrito junto a Mack Reynolds, sigue las aventuras de un agente secreto que viaja a un Marte dominado por duplicados humanos malvados. Una mezcla entre las historias de Philip K. Dick Podemos Recordarlo Por Usted al Por Mayor (1966) y ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (1968).
Los Jugadores (Startling Stories, noviembre de 1951), coescrito con Mack Reynolds, es de los relatos más originales del volumen. ¿Una partida de póker con extraterrestres? Solo podría habérsele ocurrido a Fredric Brown. El autor se aleja un poco del estilo ligero en sus narraciones Algo Verde y Final Feliz. En el primero un astronauta abandonado en un remoto planeta pierde la cordura por la soledad; en el segundo, un dictador fascista es exiliado en un mundo anclado en la edad de piedra. Los dos, magistrales.
Relatos fantásticos de Fredric Brown
El escritor de Cincinnati, además de con la ciencia ficción y el misterio, también coqueteó con los relatos sobrenaturales. Batir de Alas es un relato corto de temática demoníaca, mientras que cuentos como Búsqueda, Vudú y Solipsismo abordan conceptos como la naturaleza de la realidad, la magia o la divinidad. En el volumen editado por Gigamesh también se "cuelan" algunos relatos que podríamos encajar en el género negro. El Corderito, Error Fatal o Carta Letal son algunos de ellos.
Otro de los fuertes de Brown son los relatos sobre viajes temporales. El Salón de los Espejos quizás figure entre los mejores. Es sorprendente que un escritor al que se le daba tan bien lo humorístico ofreciera de vez en cuando narraciones tan tremendas como esta. Experimento es un microrrelato que enseguida me recordó al de Isaac Asimov En Blanco (1957), mientras que Sangre es otro microcuento sobre vampiros y máquinas del tiempo.
A finales de la década de los 50, las revistas pulp de ciencia ficción entraron en decadencia. No obstante, Fredric Brown encontró un nuevo nicho para su narrativa breve, a veces muy breve... Se trataba de las revistas masculinas, que estaban alcanzando bastante popularidad debido al tirón de Playboy, publicación en la que Brown también colaboró. Muchas historia de este período de la carrera de Brown eran microcuentos de apenas tres o cuatro páginas; en ocasiones, de solo una.
A partir de 1962, la producción de relatos de ciencia ficción de Brown declinó de forma muy significativa; apenas seis entre ese año y 1965, cuando apareció Eine Kleine Nachtmusik, el último relato de este género que publicó y que pone fin al volumen de Gigamesh.
La mayor parte de la obra de Fredric Brown se puede encuadrar en el género del misterio o novela negra. Sin embargo, como él mismo asegura en la presentación de su primera antología de relatos Space on my Hands (1951), prefería escribir ciencia ficción a novelas policíacas. A pesar de la calidad de su producción, Fredric Brown no figura entre los autores más célebres de la ciencia ficción, toda una injusticia. Fue un maestro del relato corto y ultracorto, y un experto a la hora de imaginar giros sorprendentes para sus historias. En cuanto a la edición de Gigamesh, tanto la cuidada traducción como los contenidos extra de la obra son extraordinarios, sobre todo los apéndices bibliográficos, indispensables para quienes deseen bucear aún más en la obra de un clásico de la edad dorada de la ciencia ficción: Fredric Brown.










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