EL MESÍAS DE DUNE. LA CRÍTICA

El Mesías de Dune (1969) es el segundo libro de la inmortal saga creada por Frank Herbert en 1965. En esta continuación de la excelente novela Dune, Herbert relata como Paul Muad´Dib, acompañado de su hermana Alia, gobierna el universo conocido desde su mundo trono, Arrakis. Han transcurrido doce años desde los sucesos acaecidos en la anterior novela y el
nuevo Imperio Fremen de Paul se extiende por todos los mundos, tras dos cruzadas para extender la nueva religión del  Kwisatz Haderach. En este marco se mueven con intereses contrapuestos personajes como la princesa Irulan, esposa de Paul, Chani, su amante fremen, un representante de la Cofradía, la Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam o los misteriosos Danzarines Rostro de los Tleilaxu.

ARTE CONCEPTUAL DE UN NAVEGANTE DE LA COFRADÍA PARA EL FILM DE DAVID LYNCH

El Mesías de Dune, sin dejar de ser una mala continuación del primer libro, está un escalón por debajo del que le precede. Dune era un libro con multitud de lecturas, desde la más superficial como novela de ciencia ficción del subgénero space opera, hasta temas más profundos como el fanatismo religioso o el mesianismo. Esta secuela, El Mesías de Dune, sin embargo es una obra más monolítica, en el sentido de que deja de lado algunas capas que hacían de la primera novela un muy entretenido libro, para convertirse en una obra demasiado enfocada en Paul y sus allegados, como pueden ser Chani, Irulan o el ghola Hayt, pálido reflejo del que fuera el fiel Duncan Idaho.

Herbert plantea temas interesantes en su novela, como la manipulación genética para crear clones de personas muertas y la problemática de si conservan algo de aquellas personas o no. Este tema es introducido en la novela en forma de ghola, o clon de una persona fallecida, en este caso el fiel amigo y servidor de Paul, Duncan Idaho. Gran parte de la historia versa sobre las dudas que plantea si Hayt es efectivamente Idaho o solo una cáscara vacía del hombre que luchó una vez al lado del duque Leto. Quizás la relación que entabla con Alia, la hermana de Paul, sea lo menos creíble de la trama, describiendo Herbert en ocasiones a la muchacha casi como una perra en celo buscando un macho (esa escena de la chica luchando desnuda contra el robot para aplacar sus pulsiones, por ejemplo), algo chocante en una novela como esta.

STA. ALIA DEL CUCHILLO, OBRA DEL ILUSTRADOR GORREM

Pero lo más importante del libro de Herbert sea la contradicción que se da cuando el Imperio Fremen del cual Paul Atreides es líder y deidad se convierte precisamente en aquello que este se esforzó en derrocar hace más de una década, es decir, un imperio sanguinario forjado a sangre y fuego por las hordas de fanáticos hombres del desierto. Ante tal perversión de lo que significa el Imperio, la Cofradía, las Bene Gesserit y los Tleilaxu se conjurarán para eliminar a la dinastía Atreides del trono del Millón de Mundos, con métodos bastante más sutiles que los que vimos en la anterior novela. 

Quizás porque las tramas sean tan sutiles y se sacrifique acción y batallas épicas por conjuras de salón, esta novela se haga algo más pesada de leer que la primera de la saga. Aun así, no disuade de continuar con la lectura de posteriores novelas y ver lo que Herbert tiene que contarnos acerca de esta saga, que es por derecho propio, una de las más importantes de la ciencia ficción de todos los tiempos.

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