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Albert Robida: El Otro Julio Verne

El Siglo XX, Albert Robida

Uno de los padres de la ciencia ficción es, indudablemente, Jules Gabriel Verne. Nacido en Nantes, Francia, el 8 de febrero de 1828, Verne ocupa uno de los lugares más destacados del género, junto a figuras como H. G. Wells Hugo Gernsback, escritor y editor de la mítica revista Amazing Stories, la cual cumple 100 años este 2026. Las novelas de Verne sobre viajes extraordinarios e invenciones aún más fabulosas pusieron las bases de un género, el de la anticipación científica, que cultivarían multitud de autores franceses de la época y posteriores.

Uno de los contemporáneos de Julio Verne fue Albert Robida. Nacido el 14 de marzo de 1848, Robida cultivó la novela, el periodismo, el dibujo y el grabado. Iba para notario, pero el hastío que le producían tales estudios le impulsó a probar suerte en el mundo de la ilustración. Encontró trabajo como caricaturista en varias revistas de la época. Incluso, llegó a fundar su propia publicación, La Caricature, que duraría doce años. A su labor como humorista gráfico hay que añadir su trabajo como ilustrador de cientos de novelas clásicas, ensayos y libros infantiles.

Albert Robida y sus vaticinios del futuro

Además de su faceta como ilustrador, Albert Robida contribuyó con un puñado de notables contribuciones al género de la ciencia ficción. En la novela El Siglo XX (Le Vingtième Siècle, 1883), el autor galo anticipaba conceptos como grandes barcazas aéreas destinadas al tránsito de viajeros. Estos extravagantes aparatos son muy similares a los que posteriormente describiría Verne en novelas como Robur el Conquistador (1886) o El Amo del Mundo (1904). A Robida también debemos la invención de un tren submarino que discurre por un tubo presurizado, antecedente de megaproyectos tales como el túnel que une Gran Bretaña con el norte de Francia.

Además de las aeronaves steampunk, en la obra El Siglo XX se describen invenciones como el citófono, el teléfono o el telefonoscopio. Este singular aparato era capaz, igual que nuestro televisor, de transmitir sonidos e imágenes de eventos y noticias que se producían en lugares distantes. Otro de los logros técnicos descritos en la novela se refiere a una especie de almohada con teléfono incorporado, para quien desee informarse de las noticias mientras descansa.

Pero lo más destacado de los vaticinios de Robida son sus naves aéreas. Las imagina de todas clases, la mayoría dirigibles sostenidos por balones de gas. En sus novelas hay grandes cruceros de pasajeros, pero también veloces aeronaves deportivas y militares similares a peces. París sufre de embotellamientos, pero estos ocurren en los cielos. Para controlar tal caos, existe una gendarmería aérea que divide sus funciones entre ordenar el tráfico y vigilar a los piratas volantes. Y como sabemos que la vida imita al arte, en Estados Unidos, entre los años 1896 y 1897, se reportan multitud de avistamientos de unos misteriosos vehículos aéreos, los airships...

Las maravillas descritas por Albert Robida en El Siglo XX se extienden a los mares. De estos surgen islas artificiales, ciudades submarinas, sumergibles similares al Nautilus de Verne. El francés no es ajeno a los problemas sociales que acontecen en este futuro. París es asolada por una revolución en 1953, con miles de mujeres asaltando las calles y reclamando sus derechos. Enfrente, millares de hombres hacen lo propio, en una confrontación que anticipa mucho de lo que actualmente vivimos en esta sociedad tan polarizada. El capitalismo industrial, todopoderoso, logra incluso cambiar la faz de la Tierra, al construir un sexto continente. Incluso, la tecnología ha sido capaz de atraer la Luna hacia la Tierra con el fin de aumentar la iluminación en las noches.

El Siglo XX (Le Vingtième Siècle, 1883) - Albert Robida

Albert Robida y las guerras del futuro

Las novelas de anticipación de Robida también exploraron la guerra. En La Guerra del Siglo XX (La Guerre au vingtième siècle, 1887) la contienda estalla en un hipotético 1945. El escritor ya anticipa la guerra bacteriológica y química, dotando incluso a los caballos de batalla con máscaras antigas. Fabius Molinas, un soldado francés de permiso, recibe la orden de incorporarse a filas al estallar la guerra. En este mundo, las comunicaciones se realizan con la "gaceta telefónica", una especie de Internet rudimentario.

La imaginación de Albert Robida no tiene límites. Anticipa los carros de combate describiendo una especie de fortines blindados rodantes, mientras que los "bombeadores" hacen las veces de nuestros actuales lanzallamas. El soldado Molinas se enfrentará a bombas químicas y batallones formados por mujeres, a la vez que surca los cielos en veloces naves de nombres rimbombantes. La Guerra en el Siglo XX, lejos de lo que podría pensarse, tiene un enfoque casi humorístico, con pasajes ciertamente caricaturescos, como el que sucede cuando una aeronave se ve infestada de fieras salvajes. El colmo de la inventiva de Robida serán los batallones psíquicos formados por médiums e hipnotizadores, anticipándose a los experimentos que soviéticos y norteamericanos realizaron durante la Guerra Fría.

La Guerra del Siglo XX (La Guerre au vingtième siècle, 1887), Albert Robida

La Vida Eléctrica de Albert Robida

Animado por el éxito de sus anteriores novelas de anticipación científica, Robida publica en 1892 La Vida Eléctrica (Le Vingtième Siècle. La vie électrique). En esta obra, postula la electricidad como la energía del futuro, realizando toda una serie de ingeniosos pero fantásticos vaticinios. Uno de ellos será la posibilidad de controlar el clima mediante la electricidad. 

Pero no todo son ventajas en esta sociedad dominada por la electricidad. En el París de la década de 1950, muchos habrán envejecido prematuramente debido al agotamiento mental que crea la omnipresente electricidad. Trasladado a nuestra sociedad actual, es algo similar a lo que sucede con las pantallas o la adicción a las redes sociales. Uno de los protagonistas de la novela, Adrien La Héronnière, tiene apenas 40 años, pero su aspecto es el de un anciano de 70. El desarrollo industrial también afecta al medio ambiente, con descripciones de una atmósfera repleto de polución y ríos y arroyos plagados de organismos patógenos y sustancias químicas.

Aparte de los avances tecnológicos, Robida describe diversos aspectos que dominan su sociedad imaginaria. Por ejemplo, las parejas que van a casarse hacen un viaje previo en el que comprobarán su grado de compatibilidad. En los años 50 del siglo XX, las mujeres se han incorporado prácticamente a todas las profesiones, fumando en público, vistiendo pantalones y minifaldas, e invirtiendo en una especie de bolsa solo para féminas. Como contrapartida, el autor las masculiniza dándoles nombres poco femeninos.

Albert Robida, profeta del futuro

Si bien la calidad literaria de las obras de Robida no es destacable, sí que lo es su capacidad para extrapolar posibles invenciones tecnológicas. También es reseñable su habilidad para unir texto e imagen a la hora de transmitir al lector sus fabulosas historias. Libros como La Guerra en el Siglo XX son apenas una sucesión de ilustraciones con textos de apoyo. Pero sus ideas eran brillantes, y su enfoque oscilaba entre lo mordaz, el pesimismo y lo caricaturesco.

La narrativa de anticipación científica de Albert Robida es escasa en comparación con la de Julio Verne. Sin embargo, en apenas cuatro novelas, el autor francés vislumbró avances que Verne ni siquiera llegó a soñar, quizás porque no temió dar rienda suelta a su imaginación y se apoyó menos en los inventos de su época. 

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