Tras haber visto ya los primeros cinco episodios de la tercera temporada de True Detective puede uno hacerse una idea bastante certera de cómo evolucionará la historia en los capítulos que restan. Después de la enorme decepción que supuso la segunda temporada del show creado por el escritor Nic Pizzolatto, se nota cierto intento por volver a los orígenes, a la primera temporada, aunque el esfuerzo no se vea del todo recompensado. Para ser sincero, la tercera temporada de True Detective no es ni tan mala como la anterior ni mucho menos tan buena como la primera, lo que de por sí ya implica que merezca la pena el darle una oportunidad.

True Detective, Temporada 3

En esta tercera temporada volvemos de nuevo a la dinámica que hizo famosa esta serie antológica en su estreno en 2014. En esta ocasión, seguimos la historia de los detectives de la policía estatal Hays (Mahershala Ali) y West (Stephen Dorff) y su investigación sobre la extraña desaparición de dos niños en una pequeña localidad de Arkansas. Ali, a quien hemos visto en series como Luke Cage o House of Cards, interpreta a un policía veterano de la guerra del Vietnam. Ali carga sobre sus hombros el protagonismo de la serie, si bien Dorff se esfuerza bastante por servir de contrapartida como el típico policía cínico y de vuelta de todo. Sin embargo, poco puede hacer frente al actor afroamericano, quien recibió en 2016 el Oscar al Mejor Actor Secundario por Moonlight. Personalmente, encuentro la interpretación de Ali algo acartonada, demasiado inexpresiva, cuando su papel requería de más matices.

Esta tercera temporada de True Detective, a pesar de seguir estando basada en la dinámica entre compañeros, bascula más hacia uno de los protagonistas, el interpretado por Ali. De hecho, podría decirse que el personaje de Stephen Dorff es casi un secundario ya que, al menos en estos primeros cinco capítulos, su papel siempre ha estado a la sombra del de Ali. Este cambio en la dinámica del show traiciona en parte su propio espíritu, ya que desperdicia el potencial de la interacción de los dos policías en favor de tramas personales del detective Hays que poco o nada aportan al hilo principal, es decir, la desaparición de los dos hermanos.

Mahershala Ali, Stephen Dorff

Da la impresión que la trama de la desaparición de los dos pequeños Purcell no es sino una excusa para retratar los propios fantasmas (a veces de manera literal) del detective afroamericano. Ser veterano del Vietnam pasa factura, incluso cuando parece que has sido capaz de reanudar tu vida con éxito, como es el caso del detective Hays. Como contrapunto se nos presenta otro personaje secundario, el del indio chatarrero, también veterano del Vietnam, pero a quien las cosas no le fueron tan bien como a Hays.

Si bien el nudo de esta tercera temporada es la desaparición de los dos niños y las ramificaciones de la posterior investigación a lo largo de varias décadas, Pizzolatto se entretiene demasiado en retratar la vida privada de Hays. Mientras que hasta bien avanzada la temporada no nos enteramos que su compañero vive en una bonita casa de las afueras parece que felizmente casado (¿o no?), el romance de Hays con la profesora se nos retrata hasta la extenuación. Desde sus comienzos cuando se conocen a raíz del caso, pasando por la crisis matrimonial de los diez años, hasta los vagos recuerdos que conserva de ella un protagonista acosado por la demencia senil, la vida de la pareja ocupa no pocas escenas de cada capítulo. Por si fuera poco, el escaso carisma de ambos actores y lo artificial de sus diálogos hace que la serie se resienta mucho, desviando al espectador de lo que verdaderamente le importa, o sea, el crimen y su relación con su compañero de trabajo.

Mahershala Ali, Sarah Gadon

Otro de los escollos que debe salvar el espectador a la hora de afrontar esta nueva temporada de True Detective es que la acción transcurre en tres períodos de tiempo diferentes. El problema está en que lo que sucede en 1980 y lo que pasa en 1990 a veces se confunde. De hecho, reconozco que en ocasiones solo distingo ambos escenarios por el corte de pelo de los dos protagonistas. El problema, claro está, no sucede con la trama ambientada en la actualidad, en la que los dos protagonistas aparecen convenientemente avejentados gracias al maquillaje. Obviamente, hacer transcurrir la historia en tres períodos de tiempo tan diferentes no es sino para recalcar el impacto que el caso ha tenido en los protagonistas.

Pero ¿puede un caso así haber sido tan traumático para estos detectives de la policía como para seguir obsesionándolos durante tantos años? La cuestión parece muy cogida por los pelos. Si bien Pizzolato pone como excusa la realización de un documental sobre crímenes sin resolver en el que se entrevista al ex-detective Hays, a la altura del quinto capítulo aún no está muy claro como aquellos eventos pudieron afectar tanto a los protagonistas. ¿Qué ocurrió en los noventa cuando se reabrió el caso? ¿Por qué Hays dejó el cuerpo? ¿Qué le ocurrió a su matrimonio? ¿Por qué pierden el contacto los protagonistas durante tantos años? Estas y otras preguntas deberán ser contestadas en los episodios que quedan por emitir, si no, no se entiende que la serie vaya planteando tantos misterios al espectador. Pero ¿los aclarará? Veremos.

La tercera temporada de True Detective no es ni tan mala como la anterior ni mucho menos tan buena como la primera


En definitiva, si bien esta tercera temporada de True Detective supone casi una vuelta a sus orígenes, logra quedarse solo en segunda posición tras el desastre de la temporada anterior. Se vuelven a insinuar leves conexiones con el caso de Rust y Marty (las siniestras muñecas de paja) pero la cosa va por otros derroteros más mundanos. Sin embargo, y a mitad de temporada, quedan los suficientes episodios como para que las cosas den un vuelco y no todo sea tan corriente como parece. El crimen que investigan los detectives Hays y West en sí es bastante convencional, o al menos lo parece, pero puede que Pizzolatto se redima regalándonos un final de temporada con reyes amarillos, Carcosa y quien sabe qué más horrores cósmicos. Estaremos expectantes.