Siempre que oigo planes de revitalizar una franquicia languideciente me echo a temblar. Lo mismo me ocurrió cuando me enteré que el elegido para dar un nuevo impulso a la franquicia Depredador iba a ser Shane Black. A Black, que también formó parte del casting de la primera película de la saga que dirigiera John McTiernan en 1987, debemos los guiones de largometrajes tan interesantes como The Last Action Hero (1993) o El Último Boy Scout (1991)... y también bodrios tan inconmensurables como Iron Man 3 (2013), que también dirigió, por cierto. Pues bien, Predator encaja en esta última categoría, una cinta malograda en casi todos lo niveles que consigue elevar a los altares no ya a las dos primeras entregas, sino también la extraña Predators (2010) y los dos cruces con mis queridos xenomorfos, la reivindicable Alien Vs. Predator (2004) y la indescriptible Aliens vs. Predator: Requiem (2007).

The Predator (2018)

Podría terminar la crítica de The Predator aquí mismo porque, en realidad, no hay mucho que decir de un filme que, prácticamente, no aporta nada nuevo a la franquicia. De hecho, no solamente no aporta nada, sino que obvia todo lo establecido en anteriores películas. Con que uno de los protagonistas mencione que la raza de los predators, los Yautja, nos visitaron en 1987 y 1990, es suficiente. Ya está. Estamos ante un reinicio de la saga que, en realidad, no reinicia nada, no reinventa nada ni aporta tampoco nada. Bueno, sí, muchos chistes malos.

La película comienza con una escena que pretende homenajear el inicio de la de McTiernan, con el protagonista, McKenna (Boyd Holbrook), en una misión como francotirador en tierras mexicanas. Cuando está a punto de matar a su objetivo, una nave de origen desconocido se estrella a pocos metros de su posición. A partir de aquí, la cinta de Black se convierte en todo un carrusel de despropósitos y desaciertos, cada uno peor que el anterior. 

Boyd Holbrook, Jacob Tremblay

Desde el principio tenemos claro que no podemos tomarnos en serio la cinta. Hay gente que se conforma con esto, siendo capaces de disfrutar de esta manera de truños colosales, como la saga Sharknado. Yo, en cambio, no. Si un largometraje es malo, es malo y punto. No me vale eso de que "la disfrutarás si no te la tomas en serio"... Perdona, no. Shane Black ha conseguido arruinar la posibilidad de relanzar una franquicia fatigada perpetrando una nueva entrega en la que ni los protagonistas, ni el monstruo, ni la acción, ni el argumento son capaces de interesar a un espectador con un mínimo criterio.

Enumerar los fallos de The Predator sería arduo y cansino, así que pondré solo algunos ejemplos. En primer lugar, la película es, lisa y llanamente, una americanada de las gordas. Toneladas de testosterona, de tipos duros malhablados pero con el corazón de oro incapaces de tocarle un pelo a una Olivia Munn roncando a pierna suelta (¿se habría contenido el amigo de Black, actor en la película, convicto por abuso sexual?). "Chicos, somos soldados. ¿Tocar a una mujer dormida?" Sí, este es el nivel de los diálogos escritos por Black. 

Ni los protagonistas, ni el monstruo, ni la acción, ni el argumento son capaces de interesar a un espectador con un mínimo criterio


Otro de los fallos imperdonables de The Predator es la sucesión de chistes malos que infestan los diálogos. Chascarrillos groseros, insultos y palabrotas son la base de los diálogos que Shane Black pretende hacernos colar por sana camaradería. Hacer que sintamos algo por los protagonistas a base de palabras malsonantes y gracietas es un insulto a la inteligencia del espectador. Y lo que es peor, rompe completamente el clima de tensión y terror de una película supuestamente centrada en un alienígena asesino casi imbatible.

The Predator (2018)

Aparte de la poca empatía que despiertan en el espectador esta "patrulla condenada", el actor protagonista de la cinta, Boyd Holbrook, tiene el carisma de un pepinillo. Para colmo, mejores actores que él, como Thomas Jane (The Punisher) o, incluso Alfie Allen (Juego de Tronos), se ven relegados a papeles casi paródicos. Olivia Munn, aunque interpreta un papel increíble (¿alguien se puede creer que una bióloga haga las cosas que ella hace en esta película?), sale bastante airosa frente al resto de actuaciones. Sin querer pecar de machismo, lo mejor de la cinta.

¿Y la historia? No, tampoco se sostiene por ningún lado. En primer lugar: ¿qué pretende el primer Predator que se estrella en México? ¿Ayudar a los humanos frente a otro tipo de predators, más peligrosos y despiadados? ¿Convertir la tierra en su coto de caza exclusivo? ¿Recolectar médulas espinales para mejorar su especie con la instintiva agresividad humana? El guion es de todo menos claro y, nada más empezar la película, queda patente que aquello no va a mejorar y que van a dejar sin explicar muchas cosas. Entonces, el nuevo tipo de predator monstruoso que aparece a mitad del metraje, ¿son los originales o son mutantes? No intentes averiguarlo.

The Predator (2018)

Pero si hay algo que se lleva la palma en lo relativo a grandes despropósitos es decir que las personas aquejadas de autismo son el siguiente paso de la evolución humana. Los autistas han sido utilizados por los guionistas de Hollywood en infinidad de películas, retratándolos casi siempre como personas superdotadas, casi genios, pero incapaces de relacionarse normalmente con sus semejantes. Es un cliché repetido hasta la saciedad por guionistas que, posiblemente, no tienen familiares con autismo ni nunca han tenido relación con una persona que sufra esta complicada enfermedad. ¿Retratar al niño protagonista como el siguiente estadio evolutivo? ¿En serio? ¿En qué pensaban Fred Dekker y Shane Black, coautores de este desvarío, cuando escribieron este argumento?

En definitiva, The Predator es, sin duda, una de las peores entregas de la saga iniciada en 1987. Ni siquiera la película que protagonizara Adrien Brody en 2010 es peor que la de Shane Black. Miedo me da que este director y guionista tenga entre sus próximos proyectos llevar (de nuevo) a la pantalla grande a un personaje como el héroe pulp Doc Savage. A saber qué dislate puede parir este individuo sobre uno de los personajes más queridos por los que amamos los cómics clásicos. Para echarse a temblar.