The Mist (la Niebla) es una serie de 10 episodios que emite actualmente el canal de cable Spike y que, si no estoy mal informado, va por su sexto capítulo. Está basada libremente (muy libremente, de hecho) en la novela corta de Stephen King publicada por vez primera en 1980 y no parece tener conexión alguna con el film de Frank Darabont de 2007. Tal y como sucedía en aquel excelente film, la pequeña población de Bridgton, Maine, se ve cubierta súbitamente por una espesa niebla. El matrimonio Copeland, junto a su hija adolescente Alex, son los protagonistas principales de un show planteado como una serie de horror coral pero que, sin embargo, falla a todos los niveles. 

La Niebla (The Mist)

Más allá del título y la ubicación, la serie tiene poco que ver ni con el relato de King ni con el film de Darabont. Vistos los tres primeros capítulos para hacerme una opinión fundada de cómo es la serie, he de decir que solo ha supuesto una pérdida de tiempo: ni los personajes ni la historia merecen la pena. 

Uno de los principales problemas de esta nueva versión de La Niebla es el ritmo. Visto el tercer episodio la serie no acaba de despegar, con personajes enfrascados en aburridas conversaciones sobre sus propios demonios que nada aportan a la esencia de la historia. En vez de ahondar, expandir  o continuar la premisa imaginada por el maestro del terror, plasmada con tanto acierto por Darabont, la serie se pierde inexorablemente no en la niebla, sino en interminables digresiones sobre temas completamente ajenos a lo que todos esperábamos de una serie como esta.

Alyssa Sutherland abandonó tierras vikingas para enfrentarse a monstruos interdimensionales... o eso creía.

Por supuesto, la serie sirve de pretexto para mostrarnos toda una serie de clichés que tanto parecen abundar en las series americanas pensadas para un público entre adolescente y adulto. En lugar de defenderse de arañas monstruosas, la hija de los Copeland debe hacerlo del pensamiento retrógrado imperante en la pequeña población de Bridgton. En lugar de escapar de enormes y letales avispas, el inevitable adolescente gay (o bisexual, no queda muy claro) debe enfrentarse a las burlas de los chicos del equipo de fútbol. O, en vez de escapar de enormes criaturas que avanzan por la niebla, los protagonistas se refugian en una iglesia donde incluso alguno se convertirá en creyente, como si eso nos importara.

En cuanto a los monstruos, pues bueno, no están por ningún lado. Pasados tres capítulos lo más grande que he visto son las cucarachas que a un policía le salían de la boca. La serie se recrea, eso sí, en unas muertes más o menos desagradables provocadas por unos entes que evitan mostrar, sospecho que por la falta de presupuesto. Aparece como nuevo elemento unas visiones de personas fallecidas importantes para los protagonistas algo que, si mal no recuerdo, no aparecía en el film de Darabont. No me hace falta ver toda la temporada para afirmar, con toda seguridad, que no veremos aquí ninguna de las espectaculares y terroríficas escenas de la película plagadas de aquellas extrañas criaturas.


En definitiva, una serie escasamente recomendable, dado que poco o nada aporta a la historia que ya conocemos. En lugar de realizar una secuela de los hechos narrados en el film, los guionistas han apostado por hacer una nueva versión, cuando aquella historia contenía aún potencial para narrar situaciones nuevas que ampliaran la mitología creada por King. Si no queréis sentiros estafados, evitad esta serie y quedaros con la novela y el film de Darabont, merecen muchísimo más la pena que este pobre subproducto.