El revuelo que causó en su momento el caso de O.J. Simpson era complicado de entender desde Europa. Ni nos sonaba ese nombre de nada, a pesar de sus curiosas apariciones en cine, ni mucho menos nos importaba. Por otra parte, tampoco es que me entusiasmen los procedimentales. ¿Cuál es entonces la razón por la que me haya animado a ver El Pueblo contra O.J. Simpson? Aparte de aprovechar el estreno de la serie de FX en Netflix, es la gran cantidad de premios que atesora y los actores de renombre que se han implicado tanto en su producción como en la actuación. Así, tenemos a Cuba Gooding Jr. interpretando al propio O. J. o a John Travolta y David Swimmer como sus abogados principales. También es muy destacable la actriz Sarah Paulson, habitual de American Horror Story, como Marcia Gray, la fiscal del caso. 

American Crime Story: El Pueblo Contra O. J. Simpson

Para ser yo alérgico a los procedimentales, debo reconocer que me ha gustado bastante, ya que esta serie va de mucho, mucho más. No está planteada como un documental, pero tampoco es una serie al uso. Digamos que es un híbrido entre lo uno y lo otro, ganando el formato serie en el porcentaje. Me ha sorprendido la cantidad de personajes interesantes que pulularon alrededor de este caso, desde la fiscal con vida personal complicada de libro hasta los pintorescos abogados. Para muestra, uno de ellos, Robert Kardashian (David Swimmer) es el responsable directo de la existencia de las Kardashian como padre de éstas, posiblemente un crimen mayor que el que trata la serie. El otro, Robert Shapiro (John Travolta) da para una serie propia tan solo contando los famosos a los que ha defendido, incluido Marlon Brando

A pesar de que las evidencias apuntaban a su culpabilidad y de que parece ser que el propio Simpson llegó a confesar el crimen, no vemos cómo este se produce. No conocemos tampoco a las víctimas, lo que contribuye a que tengamos una visión más objetiva del caso como espectadores. Vemos discurrir a los distintos personajes y los problemas que tienen tanto a nivel personal como profesional. La serie intenta ser objetiva y va describiendo lo complicado que resulta atacar a alguien que es un héroe de cara al público, en un ambiente de clara discriminación racial con un sector de la población harto de abusos policiales. Las evidencias van surgiendo y la defensa de los abogados va cristalizando. La importancia de los medios en el caso se va perfilando pero aún está lejos de resultar tan asfixiante como lo fue en realidad. Las miserias del sistema judicial americano, y en particular la forma de actuar de la policía de Los Ángeles, van quedando al descubierto, siendo este caso una gran muestra de ello. La serie se aleja del morbo y el propio O. J. aparece retratado como alguien impulsivo pero amable a la vez, lejos de quedarse con una sola capa del personaje. Este es sin duda uno de los grandes aciertos de la serie. 

SI OS PARECEN EXAGERADOS, NO OS PERDÁIS A LOS ORIGINALES

A pesar de que el elenco de personajes que rodeó este caso da para una telecomedia (a las Kardashian me remito), la contención de cada uno de los actores que los interpretan es remarcable. Es más, si ves los personajes originales te das cuenta de lo fácil que habría sido caer en lo ridículo trasladándolos a una serie. Pero no son solo los personajes pintorescos los que llenan la trama, sino la problemática social norteamericana de mediados de los años 90, que no parece haberse superado en pleno siglo XXI. Ser de raza negra en USA es en muchos casos un problema, pero ser mujer maltratada tampoco parece ser una carta mejor. Racismo, machismo, la idealización de la fama, el crimen como espectáculo, el sensacionalismo sobre la información, los juicios paralelos donde lo de menos es la justicia... Todo esto y mucho mas es El Pueblo contra O J Simpson, convirtiéndola en algo mucho más importante que la narración más o menos ajustada de un crimen.

Las miserias del sistema judicial americano, y en particular la forma de actuar de la policía de Los Ángeles, van quedando al descubierto, siendo este caso una gran muestra de ello.


Si bien O. J. Simpson no nos importa mucho fuera de USA, todos los vicios que rodearon este caso son perfectamente extrapolables a nuestros respectivos países. Es por eso que esta serie, si sigue con este nivel de calidad que es lo que parece, es el reflejo de un momento histórico donde la telebasura empezó a coger fuerza y a eliminar cualquier rastro de objetividad en los informativos. Es por eso que, independientemente de que no nos interesen los procedimentales u O. J. Simpson, sí debería hacerlo esta serie. Además, finaliza tras los 10 episodios, lo que se agradece en estos tiempos de temporadas eternas que al final no saben lo que contar. En su segunda temporada va a retratar los efectos del huracán Katrina. No os arrepentiréis.