Kingsman: El Círculo de Oro. La Crítica

Tras el éxito de Kingsman: The Secret Service en 2014 no era nada extraño que el realizador y guionista Matthew Vaughn decidiera emprender la realización de una secuela. Esta franquicia, basada en el cómic de Mark Millar del mismo título, son una especia de parodia/reinvención de las películas de espías, especialmente las de James Bond. Podría decirse que las películas de Kingsman estarían a medio camino entre Flint, Agente Secreto (1966) y las de la saga Austin Powers. Sin embargo, los personajes ideados por Millar y adaptados por Matthew Vaughn a la gran pantalla no se limitan a ser una mera parodia, sino que tienen entidad propia, moviéndose en un mundo de héroes, villanos y organizaciones secretas con un gran potencial cinematográfico. Aún así, y a pesar de la grata sorpresa que supuso la primera película, Kingsman: El Círculo de Oro no llega a alcanzar el nivel de aquella primera entrega.

Kingsman: El Círculo Dorado

Tras una espectacular secuencia de persecución por las calles de Londres, la película nos plantea el demoledor ataque a la agencia secreta Kingsman por parte de una todopoderosa organización criminal: El Círculo Dorado. Eggsy (Taron Egerton) y Merlín (Mark Strong), destruida la agencia Kingsman, deben unir sus fuerzas y pedir ayuda a los Statesman, una organización secreta norteamericana homóloga de la británica. Con el apoyo de los agentes Whiskey (Pedro Pascal), Ginger Ale (Halle Berry) y Tequila (Channing Tatum), Merlín y Eggsy se enfrentará a Poppy (Julianne Moore) la psicópata líder del Círculo Dorado.

Esta es la sinopsis de una película que intenta reunir los elementos que convirtieron la primera en todo un éxito pero que, desgraciadamente, no logra por completo. A pesar de la intensa escena de acción inicial por las calles londinenses, el ritmo del film de Vaughn cae de repente en picado, trasladando la acción a Norteamérica, donde conocerán a la agencia secreta Statesman y sus peculiares espías. El problema fundamental de la cinta es su duración. Claramente, a la película le sobran unos 20 o 30 minutos, tiempo en el que Vaughn se enreda en escenas de Eggsy con sus amigos o con la princesa Tilde, su prometida. También se detiene demasiado en el proceso de recuperación del agente Galahad (Colin Firth), una aparición sorpresa que dejó de serlo cuando el personaje presumiblemente fallecido empezó a aparecer en los tráilers de la película.

Colin Firth, Pedro Pascal, Taron Egerton

Otro problema de Kingsman: El Círculo de Oro es lo desaprovechados que están ciertos personajes, sobre todo el de Berry y Tatum. A este último apenas lo vemos en acción en la escena donde conoce a Eggsy y Merlín, y a Berry solamente retratada como una friki de los ordenadores recluida en la sede de Statesman. De hecho, el único agente de Statesman que acompaña a Galahad, Merlín y Eggsy en la misión es Whiskey, algo extraño para una agencia tan poderosa como se supone que es Statesman. A pesar de estos fallos, las escenas de acción están realmente bien resueltas y son muy, muy espectaculares, incluso cuando el CGI canta un poco.

Julianne Moore hace un buen trabajo como villana. Desgraciadamente, el guión no permite que se luzca más, con apenas dos escenas en las que justifica su plan criminal o prepara hamburguesas con la carne picada de un secuaz en su restaurante americano de los años 50. Tampoco está a la altura de la entrega anterior la mano (cibernética) derecha de Poppy, el ex-compañero de Eggsy Charlie Hesketh (Edward Holcroft). Si en Kingsman: The Secret Service la espléndida Sofía Boutella encarnaba a una mortífera villana con cuchillas en lugar de pies, en esta nueva película Hesketh no deja de ser un malo genérico armado con un brazo biónico: el "arm-aggedon".

Julianne Moore

Tras una parte central demasiado lenta, la película parece remontar algo en lo que a escenas de acción se refiere, con homenajes a películas de espías en la nieve como Al Servicio Secreto de su Majestad (1969). La acción en las películas de Kingsman es excesiva, paródica, divertida, exagerada, precisamente los elementos que hacen original a esta franquicia. Y eso es lo que tenemos de nuevo en El Círculo de Oro, aunque lamentablemente en menor cantidad e intensidad. De hecho, en la película hay solamente cuatro de estas escenas: la de inicio, las dos en la montaña italiana y la del clímax final en la guarida de Poppy, muy pocas para una película de agentes secretos de 141 minutos.

Si dejamos de lado estos fallos, Kingsman: El Círculo de Oro sigue transmitiendo emoción y diversión, así como personajes absurdos, excesivos y estereotipados, algo que en otras películas no funciona pero que aquí lo hace perfectamente. El cameo de Elton John, cierto giro de guión, la vuelta del agente Harry Hart (Firth) o la ampliación del universo Kingsman con la agencia americana Statesman confirman que la franquicia goza de buena salud a pesar, repito, de los fallos que he reseñado más arriba. 

En definitiva, Kingsman: El Círculo de Oro, sin ser un film fallido en absoluto, tiene una serie de carencias y altibajos que la alejan de la frescura del anterior film. Siendo Vaughn un realizador tan solvente y ágil sorprende que su película adolezca de un bajón tan pronunciado en su parte central y una "superpoblación" de escenas que bien podrían haberse quedado en la mesa de montaje. Aun así, la película merece la pena, sobre todo a los que creen que existen otro tipo de películas de espías más allá del universo James Bond.

Crítica de Kingsman: El Círculo de Oro (2017), de Matthew Vaughn

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