Una Serie de Catastróficas Desdichas, Episodio 1x01. La Crítica

Una Serie de Catastróficas Desdichas (Lemony Snicket's A Series of Unfortunate Events) es una serie de Netflix que recrea las novelas que, bajo el mismo título, ha publicado hasta ahora Lemony Snicket, seudónimo bajo el que se oculta en realidad el escritor Daniel Handler. La serie está protagonizada por Neil Patrick Harris como el infame Conde Olaf, y los niños Malina Weissman (Violet Baudelaire) y Louis Hynes (Klaus Baudelaire), con papeles secundarios a cargo de nombres como Patrick Warburton (el propio Snicket, narrados de la historia), Cobie Smulders (Mrs. Quagmire), o Joan Cusack (Justice Strauss). ¿Ha merecido la pena el tiempo invertido en ver el piloto de la tan publicitada nueva serie de Netflix?

Una Serie de Catastróficas Desdichas

Pero que nadie se lleve a engaño, nunca he sido un gran fan del film original de 2004 que protagonizara Jim Carrey como el Conde Olaf. Tampoco, obviamente, he leído ninguno de los 11 libros de los que consta la saga escrita por Snicket. Por ello, difícilmente iba a poder disfrutar de la serie de Netflix. Y efectivamente, así ha sido, aunque no sea necesario haber leído previamente una novela para disfrutar de una serie o película basada en ella, obviamente.

Aunque soy un gran fan del particular universo que Tim Burton ha conseguido crear en sus películas, la estética burtoniana no siempre funciona cuando no es el realizador californiano quien está detrás del producto. En el caso de Una Serie de Catastróficas Desdichas sucede así. Tenemos una serie basada en el humor negro y absurdo que destilan los libros de Snicket. También tenemos un diseño de producción muy cuidado en el que se mezclan elementos visuales decimonónicos, otros extraídos de los años 30 del pasado siglo y algunas pinceladas de la estética de los años americana de los años 50. Si eso no os parece suficiente lío, también existen anacronismos metidos con calzador que ayudan a enrevesar aún más las cosas.

Neil Patrick Harris, Malina Weissman y Louis Hynes

El resultado de tal mezcla es una serie visualmente muy burtoniana pero que, sin embargo, no posee la chispa que el creador de Bitelchús ha sabido insuflar a su absurdo universo. La serie de Netflix está necesariamente demasiado sujeta al recurso de la pantalla verde, algo que me sacó continuamente de la historia, pues su uso es masivo prácticamente en todas las escenas. Pero lo que más me sacó de la historia fue precisamente eso, la propia historia.

Uno de los grandes pecados de Una Serie de Catastróficas Desdichas es, aparte de lo relacionado más arriba, su indefinición. No estamos ante una serie para niños, aunque esté protagonizada por niños. Es, más bien, para público adulto... ¿o no? Viendo los diálogos absurdos, las situaciones más absurdas aún, los demenciales números musicales interpretados por un Neil Patrick Harris desatado, cualquiera diría que el producto es más parecido a un capítulo de Barrio Sésamo que a una serie que pretenda ser tomada medianamente en serio.

Neil Patrick Harris, Malina Weissman y Louis Hynes

No voy a entrar en concretar situaciones absurdas e inexplicables que he visto en el piloto, ya que estas pueden haber sido extraídas palabra por palabra de las novelas —las 4 primeras— que han sido adaptadas en esta primera temporada. Lo que sí critico es la absoluta falta de interés de un producto que, como mayor mérito, se apoya en el absurdo, lo hiperbólico, lo bizarro y en una estética literalmente calcada de los films de Tim Burton. En realidad, este reflejo del universo burtoniano no es casual. Barry Sonnenfeld, creador de la serie junto a Mark Hudis (True Blood, Nurse Jackie), es quizás uno de los cineastas de Hollywood más influenciados por Tim Burton. Así, películas como La Familia Addams y su secuela (1991 y 1993), la trilogía Men in Black (1997, 2002 y 2012), Wild Wild West (1999), y la propia Lemony Snicket's A Series of Unfortunate Events (2004), son una muestra de como el estilo visual y narrativo de Sonnenfeld beben de manera importante del de Burton.

No estamos ante una serie para niños, aunque esté protagonizada por niños. Es, más bien, para público adulto... ¿o no?


En definitiva, y visto solo el episodio piloto de los ocho de esta primera temporada colgados en Netflix, he de decir que no voy a perder un solo minuto más en seguir con esta serie. Leídas algunas reseñas sobre la misma, muchas de ellas coinciden en afirmar que, pasados tres capítulos, aun no sabes muy bien qué demonios te están contando. En el polo opuesto están aquellos que se rinden ante un derroche de talento, imaginación y originalidad que yo, francamente, no veo por ningún lado.

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