Desde que en 2013 fuera anunciado que HBO produciría una serie basada en la película de 1973 Westworld (Almas de Metal), la expectación en torno a este proyecto no ha dejado de crecer. Concluida su primera temporada, y con el anuncio por parte de la cadena de cable de su renovación, el hype y el impacto mediático de Westworld sigue en pleno auge, alimentado por unas críticas, tanto de la audiencia como de medios especializados, que elevan la serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy casi al nivel de obra maestra. Pero ¿es Westworld una obra maestra de la televisión? ¿Se convertirá en digna sucesora de Juego de Tronos cuando esta finalice en un par de años? No lo creo, y quiero explicaros por qué. A partir de aquí, aviso de spoilers.


BIENVENIDOS A WESTWORLD, DONDE DESCUBRIRÁN UNA NUEVA DIMENSIÓN DEL TÉRMINO LENTITUD

Aunque esta primera temporada ha contado solo con 10 episodios, en realidad me han parecido 20. Un episodio piloto cocinado a fuego lento ya presagiaba lo que vendría a continuación, es decir, una narrativa con demasiados meandros en los que es fácil perder la paciencia y más fácil aun apretar el botón de avance rápido del mando a distancia. Westworld no es una serie de acción, sino una historia más bien algo pretenciosa construida alrededor de interminables y tediosos discursos sobre qué nos hace realmente humanos.

SI VAS A WESTWORLD, PREGUNTA POR LA DOLORES

Evan Rachel Wood es Dolores Abernathy, uno de los "anfitriones" más antiguos del parque. Dolores es el eje central de la historia y, desde un primer momento y hasta el final, casi toda la acción gira en torno a ella. Aunque no tengo nada que objetar a la interpretación de Rachel Wood, toda su historia me ha resultado demasiado confusa y cogida por los pelos. Los primeros episodios fueron una continua sucesión de escenas en las que Dolores era la protagonista. "Buenos días Dolores" o "No le cuentes a nadie nuestra conversación, Dolores" son solo algunas de las frases que tan machaconamente se nos repitieron a lo largo de un buen puñado de episodios.

JAMES MARSDEN Y EVAN RACHEL WOOD

¡NO VISTAS A LOS ROBOTS, DEGENERADO!

Desde que tuvimos las primeras noticias acerca de esta serie ya estaba claro que íbamos a tener sexo y violencia a raudales. Las series de HBO como Juego de Tronos no se cortan a la hora de mostrar esos elementos y Westworld no iba a ser menos. Sin embargo, y a diferencia de Juego de Tronos, en Westworld los desnudos son bastante gratuitos, por no hablar de la violencia. Un ejemplo de ello es la decisión de los responsable de que los robots estén desnudos mientras se someten a mantenimiento y reparaciones. ¿Por qué? ¿Para no confundirlos con los técnicos? Es absurdo. Incluso taparlos con sábanas o dejarlos vestidos mientras se reparan está mal visto por los técnicos del parque. En realidad, los desnudos plenamente justificados han sido escasos, como los del burdel o el de la bacanal estilo Eyes Wide Shut.

SEÑORES CLIENTES, NO DAÑEN LAS ATRACCIONES

El parque está construido para deleite de sus visitantes, y gran parte de ese deleite consiste en matar, en muchos casos aleatoria e injustificadamente, a los robots o anfitriones. Dejando de lado la viabilidad de una empresa basada en que sus clientes se carguen las atracciones, la violencia mostrada en la serie rebasa muchas veces la frontera de lo admisible. Cuchilladas, disparos, cortes y ahorcamientos son moneda corriente en Westworld, por parte de unos clientes que, más que ricos adinerados, parecen sacados directamente de una prisión para psicópatas sanguinarios. Y luego está la gran incongruencia de las balas. ¿Por qué son capaces de dañar los objetos pero no a los visitantes del parque? ¿Cómo lo hacen para que ningún humano salga herido? Y otra pregunta más importante aún: ¿como distinguen los visitantes a los otros visitantes de los robots?

SIR ANTHONY HOPKINS Y JEFFREY WRIGHT

SI SE ABURRE EN WESTWORLD LE DEVOLVEMOS SU DINERO

Westworld debe ser un parque muy aburrido en realidad. Y así lo creo porque los pocos humanos que vemos interactuando con los anfitriones parecen más aburridos que otra cosa. Además, casi todos ellos aparecen en el burdel poniendo cara de sorpresa cuando alguna chica sintética se le echa encima. En realidad se nos muestran a muy pocos humanos en el parque, dando la impresión que la inmensa mayoría de personas que por allí deambulan son sintéticas. También vemos niños en algunas escenas, lo cual es absurdo en un parque de las características de Westworld.

TÉCNICOS SALIDOS Y MALHABLADOS

Parece que en Westworld los guionistas han vuelto a recurrir al cansino cliché de los científicos salidos y malhablados. En serio ¿hay científicos que se comportan así en su trabajo? Una de las tramas más increíbles de esta primera temporada ha tenido como protagonistas precisamente a dos técnicos de mantenimiento de anfitriones. Uno de ellos, cautivado por la anfitrión Maeve Millay (Thandie Newton), es obligado a alterar su código para escapar del parque, en una de las líneas argumentales más inverosímiles de esta primera temporada. ¿Acaso no hay cámaras en los laboratorios y talleres de Westworld? Parece ser que solo para vigilar a los técnicos necrófilos, no para evitar que una anfitrión obligue a un par de técnicos a que la ayuden a escapar de allí.

Shannon Woodward y Sidse Babett Knudsen (dcha.)

DÍAS DEL FUTURO PASADO

Debo confesar que el giro de guión en el que se nos desvela que hemos estado asistiendo al desarrollo de dos líneas temporales distintas en estos 10 episodios es brillante. La verdad, no lo esperaba. Sin embargo, la forma de llevarnos hasta el momento en el que se nos desvela es caótica. En realidad, parece un inmenso deus ex machina construido solamente para unir las cientos de piezas que conforman el guión de estos primeros 10 capítulos. Unir finalmente en uno dos personajes como William (Jimmi Simpson) y El Hombre de Negro (Ed Harris) es sorprendente (aunque mucho listillo ya se lo hubiese olido en los foros), pero no el modo en que nos han conducido hasta ello.

BEYOND WESTWORLD

Beyond Westworld (Más Allá de Westworld) es precisamente el título de la serie de 1980 basada en el film de 1973 y su secuela, Futureworld (1976). En cambio, en la serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy parece no haber nada más allá del parque. Cuando William y su futuro cuñado Logan (Ben Barner) llegan a sus límites no vemos nada en el paisaje que nos diga que hay más allá aparte de una interminable campiña. Tampoco se nos desvela exactamente donde se ubica el parque y cuales son sus dimensiones exactas; solo percibimos que es enormemente extenso. ¿Acaso dejan este misterio para la segunda temporada? Las teorías que han surgido en distintos foros van desde una posible ubicación en Marte hasta otras dimensiones. ¿Por qué no dejarnos atisbar como es el mundo de fuera? Sin duda, una oportunidad perdida de enganchar a un espectador a esas alturas perdido entre tanta divagación filosófica de salón.

Ed Harris

UN VIAJE AL CENTRO DEL LABERINTO

El verdadero laberinto ha sido, sin duda alguna, el guión de esta primera temporada de Westworld. La serie del hermano de Christopher Nolan me ha defraudado por sus diálogos vanos y cargados de pomposidad, rellenos de digresiones que nada aportan al verdadero meollo de la historia. Los espectadores nos hemos llevado 10 largos capítulos acompañando a Dolores en su viaje al interior de su mente consciente... cuando esto podría haberse contado en mucho menos. La falta de conexión con los protagonistas ha sido otro de los grandes retos de esta temporada, ya que la práctica totalidad de los humanos son odiosos... mientras que el resto son máquinas. Tan solo Jeffrey Wright con su interpretación de Bernard ha sido capaz de interesarme un poco. Incluso Anthony Hopkins y Ed Harris, sujetos a diálogos rimbombantes y soporíferos, no han sido capaces de despertar en mi el más mínimo interés por sus personajes.

"PERDIDOS" EN WESTWORLD

He leído algunas críticas de la serie y en muchas de ellas ya se la compara con Perdidos (Lost)... y no precisamente para bien. Y es que Nolan y Joy parecen haber cogido la misma senda que tomó J.J. Abrams (quien también figura como productor ejecutivo de Westworld) en su serie Lost, sembrando cada episodio con secretos y mentiras, trampas y giros de guión que conducían finalmente a ¿nada? Todo en Westworld esconde un secreto, un misterio, un laberinto que ha de ser recorrido en busca de algo que está, o bien en el presente, o bien en el pasado. Es una fórmula que cansa, sobre todo cuando muchos de nosotros ya venimos escaldados de tantas y tantas series que prometían mucho y finalmente no ofrecieron nada o casi nada, tan solo cientos de miles de teorías en diversos foros de internet.


A pesar de lo decepcionante de esta primera temporada, y siendo totalmente sincero, Westworld ha conseguido despertar en mi cierta curiosidad por lo que podría deparar su segunda temporada que, posiblemente, no llegará hasta 2018. El extraordinario diseño de producción, la ambientación, vestuario, efectos visuales, su fotografía, son elementos destacables de una serie que, en mi opinión, se ha perdido demasiado en circunloquios que han lastrado en demasía su narrativa. Quizás en su segunda temporada, resuelto ya el enigma del laberinto, podamos ver una serie menos dispersa y más centrada, con hilos argumentales más coherentes ni tantos secretos metidos unos dentro de otros como muñecas matrioskas