DREDD. LA CRITICA

El mundo futuro es una tierra irradiada, contaminada por distintas guerras nucleares. En medio de una Norteamérica devastada se encuentra la urbe Mega City Uno, donde decenas de millones de personas sobreviven como pueden en un mundo dominado por la violencia. Los únicos que mantienen a raya a los delincuentes son los Jueces, un cuerpo policial que
actúan como agentes de la ley, jueces y ejecutores. Uno de esos jueces es Joseph Dredd (Karl Urban), que se encuentra con la difícil papeleta de evaluar a una agente novata, la juez Cassandra Anderson (Olivia Thirlby), en su primer día en las calles.

Esta es básicamente la premisa a partir de la que parte Dredd, la nueva adaptación a la gran pantalla del personaje surgido de las páginas de la revista de cómics británica 2000 A.D. Es curiosa la insistencia en algunas declaraciones del guionista del film, Alex Garland, colaborador habitual del realizador británico Danny Boyle (28 Días Después, Sunshine), de que esta cinta no es un remake del film de 1995 protagonizado por Sylvester Stallone, sino que toma de aquí y allá elementos de los cómics originales. Viendo la película, dicha puntualización sobra completamente.

UNA DE LAS TÍPICAS EXPRESIONES FACIALES DE DREDD QUE URBAN IMITA PERFECTAMENTE EN EL FILM

Alejada completamente de la estética que tenía la primera adaptación, Dredd 3D es una película que plasma fielmente el espíritu del personaje creado por el guionista John Wagner y el dibujante español Carlos Ezquerra. No en vano Wagner ha supervisado como sus creaciones eran materializadas en la película y ello se nota, pues lo que vemos en pantalla se acerca bastante a los cómics originales, salvando las distancias entre ambos medios, claro. Y digo se acerca porque, al ser un film con un presupuesto ajustado (unos 45 millones de dólares aproximadamente), muchos de los personajes que aparecen en los cómics como robots o mutantes (salvo la juez Anderson) no están presentes en el film. Esto, que podría suponer descafeinar la adaptación es, sin embargo, una excusa del guionista para retratar de manera realista y descarnada cómo sería la sociedad imaginada por Wagner y Ezquerra en un mundo real.

Las dudas acerca de la elección del actor neozelandés Karl Urban (Star Trek) como Dredd se despejan totalmente a la vista de su interpretación. Incluso conservando el casco durante todo el metraje, algo inusual en un actor protagonista de un blockbuster de las características de Dredd, y cuando lo habitual es que los protagonistas de películas de superhéroes se lleven todo el rato sin la máscara que los identifica como tales (léase The Amazing Spider-Man), Urban demuestra que es capaz de imprimir a sus gestos y a las expresiones de sus labios la esencia del personaje. 

EL UNIFORME DE LOS JUECES HA SIDO ALIGERADO, ELIMINANDO EL ÁGUILA Y HACIÉNDOLO MÁS REALISTA

A sabiendas que no disponían de mucho tiempo para ponernos en antecedentes (el filme dura apenas 95 minutos), tanto Garland como el director Pete Travis han optado por meternos de lleno en la acción, tras un prólogo en el que se nos pone rápidamente en situación. Básicamente, Dredd es una buddy movie, es decir, repite el esquema que hemos visto ya muchas veces en películas de policías en las que el veterano debe enseñar al novato a desenvolverse en las calles. La película tiene pocos momentos en los que la acción decaiga, sin concesiones a diálogos irrelevantes para la historia que se nos quiere contar. Tan solo al inicio del filme, cuando la agente Anderson es presentada a Dredd, hay un atisbo de que el protagonista guarda para sí algo más que su fachada de Juez incorruptible, un secreto que casi revela la aspirante al cuerpo gracias a sus facultades telepáticas. Aquí no hay subtramas románticas ni de otro tipo que lastren el discurrir de la historia, solo acción, tiros y violencia extrema, todo ello bien contado, justificado y sin altibajos.

Es una pena que un film como este pueda ser malinterpretado por cierto sector de la crítica y del público por su total desconocimiento del personaje original de los cómics. El mensaje que transmite el film podría parecer, a primera vista, algo retrógrado y fascistoide, incompatible con los tiempos que corren. Sin embargo, si nos detenemos un momento a analizar el panorama que retrata la película nos damos cuenta que el sistema de jueces no es tan simple como dispara primero y pregunta después. De hecho, hay una escena en la que Anderson le dice a Dredd estar 99,9% segura de la culpabilidad de un delincuente, respondiéndole que si no lo está al 100% no puede ajusticiarlo. Incluso, el guionista se permite introducir (OJO, SPOILER) la figura de los agentes corruptos, para hacer un poco más creíbles estos policías que son a la vez jueces, jurado y ejecutores y puntualizar que también el sistema es imperfecto. (FIN DEL SPOILER)



Respecto al apartado técnico del film hay que decir que el limitado presupuesto luce bastante bien, con una Mega City Uno realista y creíble, incluso las enormes moles de 200 pisos en las que nacen, viven y mueren cientos de miles de personas. El uso de pantallas verde y los CGI son recursos que se han usado poco, en favor de los decorados tradicionales que, siendo justos, no son muchos pues la mayor parte de la acción transcurre entre las cuatro paredes del edificio controlado por la traficante Ma-Ma (una Lena Headey repitiendo su papel de Cersei Lannister). Uno de los efectos visuales más espectaculares del filme son los de la droga Slo-Mo, que tiene la capacidad de hacer que el que la consuma sienta el tiempo fluir diez veces más despacio de lo normal.

Dredd es una película que funciona perfectamente como presentación del personaje aunque no se nos cuente nada de su origen ni como se llega a la situación en la que está inmersa esa sociedad futura. Con un agradable aroma a serie B sin ambiciones, la película cumple como adaptación del personaje, retratando la violencia y la crudeza de los cómics sin concesiones, con la posible repercusión negativa que ello pueda tener en la taquilla. Dredd es una película honesta y divertida, que deja con ganas de más y con la pregunta de qué podrían haber hecho de disponer de 50 millones de dólares más de presupuesto.

LENA HEADEY ES MADELAINE MADRIGAL, MÁS CONOCIDA COMO MA-MA

Recuerdo como en mi juventud me acercaba cada viernes al videoclub y miraba fascinado las carátulas de las cintas VHS, deteniéndome en los filmes de acción y aventura. Eran otros tiempos en los que internet no estaba implantado y alquilar una película era toda una aventura, pues nunca sabíamos si nos íbamos a encontrar con un truño o un tesoro oculto. La sensación que te quedaba tras descubrir esas pequeñas joyas de videoclub es la misma que he tenido tras salir de la sala de cine de ver Dredd, una película que lejos de defraudar consigue todo lo contrario, entretener y ser fiel en su adaptación del cómic original, toda una proeza en los tiempos que corren.


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