Bajo la no muy certera premisa de la ciencia ficción, nos llega esta producción de Netflix protagonizada por Paul Rudd (El Hombre Hormiga). En ella, un hombre en crisis descubre una manera de, aparentemente, mejorar su vida. Se trata de crear un clon perfecto de sí mismo optimizado a lo máximo que pueden dar sus genes. Sin embargo, las cosas se complican desde el primer momento, dando lugar a situaciones por las que definitivamente, ni él ni nadie habría pagado.

Cómo Vivir Contigo Mismo, de Netflix

Me temo que a pesar de ser tan solo una temporada de ocho episodios de una media hora cada uno, esta serie resulta muy pesada. Para empezar, da la sensación de que lo que sobre el papel era divertido, llevado a la pequeña pantalla no lo es en absoluto. Conocemos a Miles (Paul Rudd), un tipo completamente desmotivado tanto en su trabajo como en su vida personal. No nos queda claro cuál es su problema. ¿Una depresión? ¿Una crisis? ¿Necesita un cambio? Su personaje tiene una actitud difícil de entender. Esto lo digo porque a lo largo de la serie no lo vemos evolucionar o reflexionar acerca de lo que puede perder. Sorprendentemente, su comportamiento va de lo inexplicable a lo miserable.

Da la sensación de que lo que sobre el papel era divertido, llevado a la pequeña pantalla no lo es en absoluto


El Miles original llega a ser irritante, desapareciendo la empatía o interés que deberíamos desarrollar por el. La insistencia en presentarlo mal vestido y sin peinar para distinguirlo de su clon no se sostiene. Este Miles se enfrenta a situaciones en las que debería pelear para mantener lo que tiene a todos los niveles, pero no toma ninguna decisión que suene creíble. Va disparatando como pollo sin cabeza, y como espectador no entiendo casi nada de lo que veo.

—¿DE VERDAD HAS HECHO UNA SERIE TAN MALA POR TAN POCO DINERO?

La pareja de científicos que lleva la clínica es evidente que están ahí para ser el contrapunto divertido. El único problema es que no lo son en absoluto. Es increíble que nadie se gaste el dinero que piden en algo que ni se sabe lo que es. Las indicaciones del compañero de trabajo son muy vagas. Todo lo que se refiere a la clínica a lo largo de la serie pretende aportar el toque de humor negro, pero falla estrepitosamente. La incredulidad es la única emoción que puede provocar en el espectador.

En cuanto al clon mejorado, es innegable que ante una versión de uno mismo tan feliz, uno reflexionaría y cambiaría algo, o al menos lo intentaría. Las decisiones del Miles original no son comprensibles en ningún momento. Tampoco se tiene en cuenta el peligro de tener por ahí un doble exacto de ti y los estragos que puede causar en tu vida. No son coherentes las decisiones que toman sobre el clon ni se explica cómo este se las apaña para tener una vida sin aparentes problemas sin tener documentos ni ingresos. En cuanto a su matrimonio, su esposa Kate (Aisling Bea) es quizás el personaje más natural, aunque la forma en la que coincide finalmente con el clon de su marido no podría ser más forzada. Había mil formas de hacerlos coincidir y se han ido a una muy rocambolesca y nada consecuente.

LOS ELLIOT, UN MATRIMONIO CON PROBLEMAS COMO CATEDRALES

La serie debería tener ritmo, una buena banda sonora, y una trayectoria más animada. En cambio, hay episodios en los que apenas pasa nada. Está rodada sin interés ninguno, aunque con un guión tan caótico, no me extraña. Quizás habría valido para un telefilm, pero no había historia para una serie. O al menos no han sabido desarrollarlo de la manera correcta. Es una pena que Paul Rudd haya perdido el tiempo con un producto tan mediocre. Y menos mal, porque si un actor que genera tantas simpatías con su presencia en pantalla no salva la serie, con otro yo al menos no habría sido capaz de terminarla.

A modo positivo, hay algún momento salvable, como cuando le recuerdan a Miles que lo han pillado en algo infame. También la reacción de su esposa ante el nuevo y mejorado esposo, explicando por qué no es tanto entusiasmo lo que le apetece aunque pudiera parecer lo contrario. Pero la mayoría de la serie es aburrida y no aporta absolutamente nada. En cuanto al final, es cualquier cosa, no esperéis una conclusión con mucho sentido.


La idea de la que parten daría mucho juego en unas manos capaces de provocar lo que Cómo Vivir Contigo Mismo busca pero no encuentra: diversión, momentos hilarantes con los que te puedas identificar y entretenimiento. Ni funciona como comedia, ni como dramedia, ni como nada. No creo que si Paul Rudd hubiera podido saber cómo quedaría la serie, se hubiera apuntado. Ya no tiene remedio.