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I Am Not Okay With This (Esta Mierda Me Supera), de Netflix. Crítica de la Temporada 1

De la mano de los productores de la exitosa y demasiado alargada Stranger Things, llega este nueva serie de tan solo siete episodios de unos veinte minutos de duración. Dado que no es ninguna comedia de situación, es un formato curioso pero agradecido. Syd (Sophia Lillis) es una adolescente de 17 años, recién mudada a un instituto nuevo y con un grave drama familiar detrás. Las desventuras en su instituto, más algún detalle sobrenatural, es lo que nos cuenta esta serie basada en un cómic del mismo nombre. ¿Era necesaria?


Si no estáis ya cansados de los eternos problemas de instituto de los pobrecitos niños norteamericanos, esta puede ser una opción. Syd es, como casi todos los protagonistas actuales de series juveniles, una chica un poco friki que se está conociendo a sí misma. El problema es que la reciente muerte de su padre y los eternos turnos de su madre como camarera complican cualquier situación.

La chica protagonista tiene su carisma y cae simpática, aunque no le vendría mal un aspecto más aseado. Para quejarse tanto, poco la vemos esforzarse. La relación con su madre es tirante, pero tiene ya edad de colaborar en la economía familiar y asumir responsabilidades en su familia en vez de quejarse tanto de sus problemas. Lo siento pero esta generación tan llorica que nos trae las series me indigna bastante. Tampoco su panorama es tan malo. Tiene una mejor amiga, Dina (Sophia Bryant) que no le falla en ningún momento, algo bastante complicado que ocurra cuando aparecen chicos en la ecuación. Tampoco le falta el admirador friki, Stanley (Wyatt Oleff), que a pesar de sus desplantes tampoco pasa de ella. La relación con su hermano pequeño también es un apoyo para ella y algo que la centra. Muy simpático el niño que lo interpreta.

SYD, MUCHO MÁS ARROPADA DE LO QUE INSINÚA EL TÍTULO

Lo más complicado para Syd es cuando descubre ciertas habilidades paranormales que no sabe ni entender ni manejar. La chica se asusta ante ellas, pero son oportunamente descubiertas por quien mejor le conviene. Poco a poco irá descubriendo cosas sobre sí misma que no sabía, como sus preferencias sexuales. Tampoco aquí le va especialmente mal a la chica. En mis tiempos, ser un pringado era mil veces peor que lo de esta chica.

La serie es demasiado corta para tener tantos tópicos. No falta el supuesto guaperas idiota que es utilizado para el giro final de una manera burda e increíble. Lo siento pero no tiene el menor sentido en su manera de proceder. Las actuales reglas de lo políticamente correcto me temo que campan a sus anchas por la serie. ¿Cuándo va a ser el guaperas idiota alguien que no sea blanco y rico? O que no sea deportista, con eso me conformo. La eterna obsesión por el baile del instituto tampoco falta, pero nadie parece preocupado por el inminente acceso a la Universidad.


Se ve con rapidez, a lo que ayudan momentos musicales facilones de canciones ochenteras. Alargarla más es entrar en historias que nada aportarían. Los momentos familiares de Syd nos ponen en situación y son creíbles. Casi que la serie se sostiene por sí misma sin necesidad de sus habilidades especiales a lo Eleven, a la que se asemeja por ejemplo en el peinado. Hay muchas otras referencias, desde El Club de Los Cinco (1985) a Carrie (1976). Ya cada uno que juzgue si es falta de originalidad u homenaje. Se aseguran, tanto por el final, el poco presupuesto y la audiencia que ha tenido, una segunda temporada.

No concreta el tiempo en que se desarrolla, busca algo de atemporalidad con esos tonos marrones, aunque se entiende que es el actual. Personalmente, no necesito más series de adolescentes norteamericanos, pero si os apetece, esta, sin ser ninguna maravilla, es de las que se pueden ver. No merece tanto bombo como el que le dan algunos medios, pero se deja ver con agrado. No está mal.

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