Los productores Brad Falchuk y Ryan Murphy son bien conocidos para los aficionados a las series. Normalemente, son marca de estilo, personalidad y calidad. American Horror Story, American Crime Story, o la más antigua Glee, que actualmente estoy disfrutando en Netflix. Al ser sólo ocho episodios y tener de protagonista a gente de renombre como Gwyneth Paltrow (reciente esposa de Falchuk), me animé con ella. Os explico por qué no he pasado del segundo capítulo. 

The Politician

Estéticamente, la serie es impecable, como suelen serlo las producciones de esta pareja de productores. Conocemos a Payton Hobart (Ben Platt), un chico de instituto cuya máxima obsesión es llegar a presidente de los USA. A esa obsesión somete su vida personal y estudiantil, teniendo incluso un equipo asesor para conseguir la presidencia del instituto al que asiste. Este logro lo considera clave para su objetivo final.

Para empezar, el protagonista es bastante anodino. No transmite carisma, sino bastantes más años de los que debe tener para estar en un instituto. Ya sabemos que los protagonistas de series de instituto nunca tienen la edad que deberían, pero este caso ya es exagerado. Mejor lo hubieran ambientado en una universidad. No es solo el protagonista el que transmite esta desubicación. A sus compañeros les ocurre lo mismo. Son fríos como el hielo, comportándose como altos ejecutivos despiadados tanto en su vestimenta como en sus conversaciones y acciones. Absolutamente todos, hasta los que solo hacen de público en los mítines electorales. No le veo el sentido por muy pijo que sea el instituto. Parecen un hatajo de zombies. No soy capaz de creerme ni de empatizar con ninguno de ellos. Es una especie de parodia pasada de rosca. Todos los personajes resultan esperpénticos, en mayor o menor medida.

OS GARANTIZO QUE CUANDO HABLAN TODAVÍA SON PEORES

La familia de Payton, aunque inspirada en cierta manera en un suceso famoso ocurrido hace años en USA, el cual mencionan, no acaba de cuajar. La tragedia vivida por el amigo de Payton tampoco queda claro qué sentido tiene, ni la naturaleza real de su relación con él. Y, al viajar en el tiempo, las edades no cuadran nada. Las relaciones establecidas entre los personajes no se sabe si son reales o no, pues nadie parece tener sentimientos humanos, se comportan como robots. Algunos personajes se esfuerzan en mostrarnos cierta bondad, como Georgina (Paltrow) pero luego se pierden en actos paródicos incoherentes.

En cuanto a Infinity (Zoey Deutch) y su abuela, posiblemente los únicos personajes que no son ricos sino humildes, son aquellos a los que se les reserva emociones humanas, aunque no de las mejores. Infinity parece bastante aniñada, y la historia que tiene detrás tampoco es demasiado interesante. En cuanto a Payton, comete un error innecesario con la cuestión que plantea a Infinity de frente, pudiendo averiguar la verdad con otros medios. Es evidente que no le iban a decir la verdad. Tanta estrategia y tanta biografía leída para hacer el tonto así.

THE POLITICIAN ES MÁS NOTICIA POR LOS VESTIDOS Y JOYAS QUE LUCE PALTROW QUE POR SU CALIDAD COMO SERIE

Había leído en alguna parte que la serie era musical, pero lo único que hemos tenido en estos dos capítulos es al protagonista, quien ha hecho carrera en Broadway, cantando una canción en un momento que actúa de cara al público. Es bonita y la canta bien, pero que en algún titular haya leído que ese es el mejor momento de la primera temporada me confirma que he hecho bien en no seguir con The Politician.

Como parodia de los muy ricos falla estrepitosamente. Por un lado, nos representan a gente tan superficial que parecen psicópatas. Los diálogos son abigarrados y faltos de naturalidad. No son nada creíbles en bocas de supuestos adolescentes, por competitivos que sean. The Politician es como esa receta de pastel que parece llevar los ingredientes correctos, pero luego el bizcocho no sube. Se ha quedado a  medias en todo. Se intuye parodia de esto y aquello, de lo políticamente correcto que impera ahora, pero no acaba de transmitir nada concreto más que aburrimiento.


Si os gustan este tipo de series oníricas, puede que la disfrutéis, pero yo no he conseguido conectar con ella. No me atrevo a decir que es mala, porque no creo que lo sea. Sencillamente, es un experimento que no creo que haya salido bien.